Jefes
Esta lista tiene 73 jefes de Phantom Blade Zero de 10 regiones. La Galería de los Archivos agrupa sus entradas por región, y cada entrada tiene un tipo: Maestros, Trascendencias perfectas, Caminantes enmascarados y Marionetas.

En su juventud, Zuo Shang era el amigo más íntimo de Soul y, como él, hijo adoptivo del Soberano Mu. De talento excepcional y trato afable, ya mostraba una serenidad impropia de su edad, junto con una profundidad de pensamiento poco común entre sus compañeros. A su lado, Soul parecía puro impulso y temeridad. En sus ratos libres, Zuo Shang estudiaba informes de inteligencia y se formaba su propio criterio sobre los asuntos del Wulin. En combate, él y Soul estaban igualados. Sus pasos eran ligeros y firmes; su esgrima, elegante y precisa. Incluso con una espada de entrenamiento de madera, parecía moverse llevado por el viento, con la fluidez de las nubes. Desde sus días juntos en las calles hasta su formación codo con codo en la Orden, Zuo Shang y Soul se habían visto en sus peores momentos y habían sido testigos de cómo crecía el otro. Con los años, su vínculo no hizo sino estrecharse… ¿Quién habría podido prever que un día alzarían sus hojas el uno contra el otro?

Antaño, el amigo más íntimo de Soul. Ahora, su enemigo jurado. Con Aureata en la mano, Zuo Shang concentra energía de espada dorada a lo largo de su filo, cuya luz fluye como la seda. Su intención de espada se extiende sin fin y sus golpes se suceden uno tras otro. El joven que fue ha quedado muy atrás. Sus movimientos son cada vez más inescrutables y su dominio de la espada y el Sha-Chi ha alcanzado un nivel trascendente. Con cada barrido de su hoja, mueve otras armas mediante el Sha-Chi y las lanza contra su rival, en rápida sucesión o todas a la vez, sin darle ocasión de defenderse. En el campo de instrucción, Soul y Zuo Shang lucharon sin contenerse, pero ninguno logró imponerse. Al fin, al cruzarse sus hojas, ambos atravesaron el corazón del otro en el mismo instante. Según saben los miembros de la Orden, Soul asesinó al anterior Soberano de las Sombras, el hombre que los había adoptado a ambos. Conforme a la última voluntad de su padre, Zuo Shang lo sucedió como Soberano de las Sombras y líder de la Orden. Para vengarlo y responder tanto ante su memoria como ante la Orden, no tuvo más remedio que dejar atrás su antigua amistad. Envió a innumerables maestros y Guardianes de las Sombras, jurando dar muerte a Soul. Pero… ¿ocurrió realmente así?

Entre los asesinos encargados de perseguir a los traidores, Hunt es, con diferencia, el más sanguinario y desquiciado. Con una guadaña encadenada en cada mano, corre y se balancea por acantilados escarpados a una velocidad aterradora, persiguiendo a su presa como una sombra. De cerca, se abalanza con feroces golpes de guadaña, cada uno dirigido a matar, o usa las cadenas para impulsarse por los aires y esquivar los ataques. A distancia, azota con las cadenas para mantener a raya a sus enemigos, lo que vuelve sus ataques casi imposibles de anticipar. La Orden jamás perdona a un traidor, y Hunt nunca perdona a su presa. No busca fama ni fortuna. El placer de matar es toda la recompensa que exige. Y quienes más se aferran a la vida suelen ser las mejores presas.

Un merodeador descerebrado y frenético que se sometió a la Trascendencia. Se cubrió el rostro con retales de metal recogidos en tierras salvajes para contener su Sha-Chi, pero su locura solo se volvió más aterradora. Su arma, Acero Serrado, fue arrebatada a un discípulo de Huangxing, uno de los Pilares del Mandato. Aunque mellado y oxidado, su filo aún abre heridas que no dejan de sangrar. Quienes presencian sus furiosos tajos retroceden aterrados.

Peng Meng, el mayor de las Cuatro Hachas, se sometió a la Trascendencia para vengar a los otros tres. Su cuerpo adquirió un tamaño descomunal, su carne se endureció y su fuerza se volvió inmensa. Su hacha gigante podía partir la piedra y quebrar montañas. Varios guerreros de élite del Mandato cayeron bajo su filo. En el valle, una escuadra del Mandato solo consiguió reducirlo a un coste terrible. Le atravesaron los omóplatos con gruesas cadenas y lo ataron detrás del puesto de avanzada. Antaño, los cuatro hermanos bebían sin medida y celebraban grandes banquetes. Realizaban gestas caballerescas, pero sus hachas también segaron innumerables vidas inocentes entre los derramamientos de sangre del Wulin. Por entonces, todas las deudas aún se saldaban según las reglas del Wulin. Después, tres hermanos fueron asesinados a traición y las escuadras del Mandato dieron caza al último. Acorralado y desesperado, Peng Meng renunció a su último atisbo de razón y se hundió por completo en la Trascendencia.

Su carne y su armadura están desgarradas, pero su cuerpo destrozado no cae. Entre la bruma sangrienta, dos brazos de acero se despliegan de la espalda de Hunt y aferran otro par de hoces encadenadas relucientes. Sus cuatro brazos golpean por turnos o lanzan las cuatro guadañas a la vez, extendiéndose y retrayéndose sin patrón alguno. Su tirón puede sacudir la tierra y levantar ondas de fuerza. Incluso al retroceder, puede responder con un golpe mortal. Tal es el extraordinario resultado de aplicar la Trascendencia a los Guardianes de las Sombras de la Orden: monstruos que siguen siendo fieles al nuevo Soberano de las Sombras, por grotescas que sean sus alteraciones. Hunt no advierte la incesante sed de matanza que grita en su mente. Descuartizar a Caminantes enmascarados y combatientes del Mandato no le produce satisfacción… Culpa a su presa. Este señor Soul es más problemático que todos los anteriores y, sin duda, debe de ofrecer un mayor placer en la caza. Pero ¿acaso no es el propio cazador presa de sus deseos?

Una novia convertida en marioneta ha dispuesto un salón de bodas entre los lirios araña, bajo la Torre del Sha-Chi del Valle del Arroyo Lagrimoso. Todos los que llegan siguiendo el contrato matrimonial o los rumores caen ante su Espada espectral escarlata. Sus cuerpos yacen entre las flores nacidas bajo esa hoja y alimentan los lirios carnales. Hua y Hui crecieron juntos y se amaban desde hacía mucho tiempo. Su padre, ávido de riquezas, ignoró tanto los deseos de ella como la debilidad mental del novio de los Li y la obligó a casarse con él. Para acabar con sus esperanzas, incluso conspiró con los Li para asesinar a Hui. La tumba vacía de Hui sigue en pie detrás del salón de bodas. Aunque Hua se ha convertido en una marioneta y ha olvidado gran parte de su pasado, conserva una convicción: cuando el lirio carnal madure, su amado volverá a la vida.

Una marioneta viva apresada bajo la Mansión Roja. Su carne está atravesada por un enredo inextricable de hojas; una gran espada le atraviesa la columna vertebral, y una guadaña gigante de aleación ha ocupado el brazo izquierdo. Un delicado ojo de cristal, grotescamente fuera de lugar, está engastado en esa carne: uno de los dos ojos de cristal que pueden activar a la marioneta n.º 99. Al avistar al primer ser vivo, el Carroñero alza la guadaña en un tajo salvaje y luego rueda su enorme mole para aplastar. El movimiento es torpe y lento, sin forma, y aun así el Sha-Chi se derrama de él. Es un constructo experimental del Heraldo, los restos de un hombre corpulento ensamblados mediante el arte de las Marionetas de las Sombras y las técnicas de la Secta de los Hilos Vinculantes. El experimento se desbocó: el cuerpo se hinchó y se deformó sin control. Ninguna cantidad de máscaras pudo encerrar el Sha-Chi que bullía dentro, y ni una gran espada a través del cuerpo lo mató. Así que el Heraldo lo encerró bajo la Mansión Roja, para que se deshiciera de las marionetas descartadas y de los miembros del camino justo que estorbaban. Quizá porque la gente del Wulin aún conserva la vitalidad de los vivos, el Carroñero ha cobrado por ellos un hambre particular.

Uno de los cuatro Acólitos bajo el Gran Anciano: Hansui. Se esconde en un pliegue de la Discordancia mediante el ojo de cristal. Túnicas azul pálido, un espantamoscas en mano. Empuña el hielo como arma de matanza. Un leve barrido del espantamoscas hace estallar montañas de hielo dentadas; afiladas púas de hielo brotan del suelo. También puede alzar un vendaval glacial y crear un vasto campo de nieve helada. Por decreto del Gran Anciano, Hansui vigila la Mansión Roja, para que el ojo de cristal no cambie de manos. Para mayor certeza ofreció un hilo de su conciencia, que el Gran Anciano selló en el ojo, y así puede esconderse en la Discordancia a través de ese ojo. El Heraldo percibió algo, pero no pudo cortar el vínculo, y puso el ojo en el cuerpo del Carroñero. Así, la parte de su conciencia sellada en el ojo acompaña al Carroñero; si el Carroñero muere, Hansui sufrirá con él. Por fortuna el Carroñero es un constructo experimental: incluso atravesado de hojas, no murió. Esa fuerza casi inmortal fascina especialmente a Hansui. La vida y la muerte, el marchitarse y el florecer son estados fugaces. Aun así, cuando descienda la Dama Misericordiosa, una escarcha eterna sellará el mundo en hielo, y todas las cosas bajo el Cielo conocerán la eternidad… Hansui anhela ese día.

Cinco Pilares Lóng, cinco encuentros… y aun así no pueden pesar más que treinta años de separación. A lo largo de decenas de miles de días y noches, echó en falta demasiados de los momentos que importaban en la vida de Soul. Nunca lo vio balbucear sus primeras palabras ni dar sus primeros pasos, nunca se sentó con él a leer y escribir o a empezar el entrenamiento marcial, y nunca le transmitió en persona las artes del Bastión de Mó. El linaje del Bastión corre demasiado cargado de Sha-Chi; exige mucho del cuerpo y del control. Sin alguien del Bastión que lo guiara, Soul estaba condenado a sufrir más de lo debido… Por fortuna, Soul ha crecido a salvo. Ahora se yergue alto, y su destreza no es menor que la del propio Mó Yuan. En cada forma, Mó Yuan lee esos treinta y tantos años de vagabundeo, y la búsqueda y la confusión de este momento. Soul camina su propio camino. Lo único que Mó Yuan puede hacer, además de guiar su arte y enseñarle a dominar el poder de su sangre, es hacerle saber que tras él hay un cuidado que no se romperá. Decir cada palabra en voz alta solo se volvería una carga. Mejor depositar en el ir y venir de la intención de espada el encargo que no pudo decir. Ojalá estas pruebas ayuden a Soul a despejar el camino que tiene por delante.

Un espadachín de azul se yergue ebrio en el puente hacia Pangzhen, vertiendo vino sobre su máscara. Espera al hombre que antaño le rompió la espada. Hua Qianxiao pasó la vida persiguiendo el dominio de la espada y durante mucho tiempo se mantuvo en la cima. Luego, quienes apenas habían perdido contra él empezaron a caer con facilidad ante los Caminantes enmascarados, mientras luchadores mediocres derribaban de la noche a la mañana a los maestros del Wulin. El mensaje era claro: sin Trascendencia, la época lo dejaría atrás. Dejó la elección a su vino. Una copa significaba sí; la siguiente, no. Cuando ya no pudo beber más, había olvidado cuál respuesta había llegado la última. Quizá la bebida le dejó olvidar el precio. Después, Hua Qianxiao halló compañeros más fuertes. Quienes, en el camino justo, lo condenaban caían con facilidad bajo su hoja, y ello le daba poca satisfacción. Solo cuando los Pilares de Kunlun buscaron ayuda de la misteriosa Orden encontró algo nuevo que anticipar. Nunca imaginó que su preciada hoja de cinco pies se rompería. Ni que cada mirada sobre la fractura lo haría reír más alto y luchar con más fiereza. Y aun así, ninguna risa bastaba para aliviar la obsesión de un espadachín ebrio.

Un maestro del arte del puño y uno de los cuatro grandes Caminantes enmascarados a los que la Orden y los Tres Pilares de Kunlun combatieron hace un año. Corpulento y muy musculado, parece tener puños de hierro. Su estilo de lucha es impredecible, y cada golpe cae con una fuerza tremenda. Cambiar golpes con él de frente es imprudente, pero un movimiento ágil puede revelar una abertura. A diferencia de su hermano mayor, Demonio de Hierro, que luchaba para proteger a los débiles, Fiebre de Hierro vive para el combate. Solo busca heredar el legado de su maestro y continuar su arte marcial. Para alcanzar la maestría del arte del puño que su maestro logró en el instante de su muerte, incluso se sometió a la Trascendencia Sha-Chi con la reliquia de su maestro. Al principio, Fiebre de Hierro se deleitaba con su nuevo poder y retaba a cualquiera, ya fuera del Mandato o de los Caminantes enmascarados. Así se hizo con varios «amigos caminantes enmascarados». Aunque sentía que el poder en su interior era cada vez más difícil de controlar, confiaba en que la máscara, los clavos de acero y su pura voluntad podrían contenerlo. Pero tras la batalla del año pasado, su sed de sangre se hizo más fuerte, hasta amenazar con eclipsar incluso su deseo de perfeccionar su arte marcial. Al saber que un viejo enemigo volvería a pasar por este bosque, Fiebre de Hierro regresó al lugar de su antiguo combate. Esta batalla se libra con los puños, pero también para poner fin a lo que queda. Por el yo que sabe que pronto será devorado por el Sha-Chi, busca llevar una cosa hasta el final.

Jefe de los jinetes saqueadores, Jing Ye monta un corcel rojo sangre; hombre y cabalgadura van erizados de púas de acero, como un erial de espinas lanzado al galope. Brutal y sediento de sangre, lleva años saqueando el este del Wulin y se deleita en dar caza a los guerreros del camino justo desde su montura. Hace un año, Jing Ye fue derrotado por la Orden y los Tres Pilares de Kunlun. En lugar de huir lejos, reunió a sus hombres en las montañas y se apoderó de las rutas principales, convirtiendo en trampas las trincheras y los pasadizos ocultos que habían dejado las fuerzas del camino justo. Su arte marcial no ha hecho más que crecer. Puede arrojar su escudo redondo erizado de púas de hierro, cuya defensa es difícil de romper sin una hoja ancha y poderosa. Lleva cabezas enemigas colgando de la cintura: las aplasta para extraer sangre, que moldea en púas con el Sha-Chi y lanza desde lejos. Con la Espada de guerra del Forajido, puede drenar la sangre de sus enemigos para recuperarse o gastar la suya para fortalecer sus ataques. Pero este forajido demente fue una vez un joven que portaba una hoja preciada y deseaba sinceramente unirse al camino justo. La hoja sigue siendo la misma, pero el hombre ha cambiado. Aquellos guerreros justos que pasaban a su lado sin dedicarle una mirada han caído bajo su hoja, y aun así siente que su «gran venganza» sigue sin cumplirse.

Una mujer que pelea con un par de extrañas espadas-serpiente. Sus ataques son feroces y desconcertantes; su belleza basta para olvidar el peligro. Quienes se acercan rara vez hallan un buen final. Hace un año, cuando la Orden y los Tres Pilares de Kunlun se unieron contra los cuatro grandes Caminantes enmascarados, Bai Chilian era una de los cuatro. En aquella batalla se quebró la pipa de Acorde y una vasta ilusión se extendió, ahogando el bosque y encerrando a Bai Chilian. Este Bosquespejo, distorsionado por las artes ilusorias, no tiene sol ni luna, ni vida ni muerte: solo olvido sin fin y vacío. Todo lo que Bai Chilian puede hacer es enviar a sus serpientes a buscar la pipa. Si repara la pipa, la Dama la salvará… la salvará una vez más… Las serpientes engendran serpientes; las serpientes reemplazan serpientes. Las serpientes salen y vuelven. La pipa nunca se halla. Empieza a perderse: de rabia parte unas serpientes, las maldice de holgazanas, de correr salvajes, incluso de conspirar para engañarla; luego entierra a esas criaturas leales entre lágrimas y arrulla a las recién eclosionadas para que no la teman, no le guarden rencor, no la dejen… Aún le sirve a la Dama. Reparará la pipa.

Flores rojas en el horizonte, como los ojos bajos de la Dama. Bajo ese resplandor suntuoso, las sedas roja y verde en torno a Bai Chilian se enroscan unas con otras, volviéndose cuatro grandes pitones. Se yerguen como escorpiones, giran como sierras; a veces golpean y se retiran, esperando; a veces brotan de la tierra en una formación que la ampara. Solo al romper la formación de serpientes se la puede derrotar. Su vida valía antaño menos que la hierba. Al borde de la muerte, en un sueño aturdido, contempló a la Dama. La Dama le dio un hilo de seda roja - como una serpiente, como un vínculo - y le prolongó la vida, dejándola volver de entre los muertos. Así enrolló serpientes en las gargantas de sus enemigos, apretando poco a poco, y los dejó morir lentamente entre el miedo y el dolor. Tan simple. Tan satisfactorio. ¡Y aún no basta! Solo la Dama puede limpiar de verdad la inmundicia de este Wulin… ¿Cómo puede ser tan inútil? Atrapada en un lugar así… merece este tormento… Ofrecer las serpientes. Ofrecer su cuerpo. Ofrecerlo todo… ¿Qué más le queda para dar a la Dama? ¿Qué puede ofrecer para alcanzar la salvación verdadera?

El reino fantasmal se desvanece, y el Sha-Chi se derrama. El Bosquespejo está sellado en hielo y nieve, todo sonido tragado por la escarcha, y el bosque queda quieto y en silencio. El árbol donde antaño moraba Bai Chilian está ahora vacío, sustituido por la Marioneta del caos que apareció aquel día en la Mansión de la Grieta. Este lugar de un frío mordiente es el refugio perfecto para ella, pues una de las consciencias de la marioneta teme el calor y ansía el frío. Los tres rostros de la marioneta discuten sin fin, pero en cuanto empuñan esa hoja del caos que hiela hasta el hueso, actúan como una sola. Los tres rostros toman por turnos el control del cuerpo; la hoja a veces se cubre de escarcha, a veces se envuelve en llamas del caos, y a veces brilla como el acero. Por un instante, es como si hubieran vuelto a hace veinte años. Ellas también recorrieron antaño el Wulin codo con codo, espada en mano, llenas de brío. Luego una se volvió tímida, mientras otra cayó en un sueño del que nunca despertó. Al final, las tres fueron fundidas a la fuerza en una sola, soportando una agonía insoportable sin un momento de paz. Huyeron hasta aquí con la esperanza de escapar del control del Heraldo. Sin embargo, cuanto más combaten, más insoportable se vuelve el dolor ardiente dentro del cuerpo, y más clara la sensación de estar atadas, como si el Heraldo hubiera escondido en ellas un mecanismo que ahora clama por desgarrarlas en tres, y al que aún le falta la llave… Ni siquiera aquí pueden escapar de su dominio.

En aquellos días, cada una de las tres hermanas destacaba en un arte distinto. Se entregaron a perfeccionar sus habilidades hasta dominar el arte que habían elegido. La mayor escogió aquella hoja de acero oscuro como símbolo de su determinación. Practicó día y noche el desenvaine y el golpe hasta alcanzar una destreza capaz de hender montañas y partir rocas. Pero ni siquiera su dominio de la hoja pudo salvar a sus dos hermanas menores: la segunda quedó atrapada en el reino helado, mientras que el fuego espectral corrompió a la tercera. Ambas cambiaron para siempre. Cuando las tres despertaron en un solo cuerpo, comprendió que había caído en la trampa del Heraldo. Ella había convencido a la segunda de beber la medicina y había vertido el remedio entre los labios de la tercera. Aquel intento desesperado por salvarlas las había envenenado a todas y arrastrado al abismo. Ahora, cautivas en un mismo cuerpo y atormentadas día y noche, el remordimiento la consume. El Heraldo les prometió que, si mataban a Soul, podrían separarse en tres receptáculos y tener cada una su propio lugar. Ahora, con el Sha-Chi desbordándose en su interior, solo desea expiar el pecado de aquel día y escapar del tormento de compartir un cuerpo. Empuña la hoja de acero capaz de hender montañas y partir rocas y ataca con determinación, dispuesta a luchar hasta su último aliento.

Cuando empuña aquella hoja de acero, la escarcha cubre el filo y el hielo se aferra a su lomo. Convoca el viento y la nieve y clava la hoja en la tierra para levantar una ola de nieve gigantesca. Una ráfaga de frío congela al instante cuanto toca, aprisionando la sangre y los meridianos bajo el hielo. La segunda hermana era apegada por naturaleza y dependía de sus hermanas mayor y menor para todo. Amaba el hielo desde niña: su superficie, clara como un espejo, reflejaba sus ojos puros. El hielo nunca la reñía; se limitaba a escucharla. Poco a poco empezó a temer al mundo, pero nunca al hielo. Siguiendo sus destellos fríos, entró en el reino helado y se fundió con él. Desde entonces temía cualquier atisbo de calor en el mundo. Más tarde venció su miedo por primera y única vez: bebió la medicina abrasadora con la esperanza de reunirse con sus hermanas. Hizo una muñeca de tela con tres cabezas sonrientes, las tres almas en una, tal como habían jurado no separarse jamás. Sus palabras se volvieron proféticas. De algún modo, la muñeca se convirtió en la criatura grotesca que es hoy, y durante veinte años las hermanas no han podido separarse. El fuego de la hermana menor le quema la piel sin descanso y la hunde cada vez más en la locura y el miedo. Las tres hermanas se complementaban antaño; ¿cómo pudo un solo cuerpo convertir su vínculo en semejante tormento?

Las llamas del caos arden alrededor de su cuerpo y se enroscan en la hoja que empuña. Hace años, en busca del poder del Caos, utilizó su propio cuerpo como combustible y atrajo las llamas a su interior. Desde entonces, ha quedado atrapada entre una locura incontrolable y un sueño interminable. Pero obtuvo el poder que buscaba: un poder sin igual, en la misma cumbre de las artes marciales. La gente suele ser así. Lo entrega todo por alcanzar la cima de las artes marciales, solo para añorar la paz y el calor de la vida cotidiana una vez que llega a ella. Cuando bebió la medicina de «Tres almas en una», no fue del todo ajena a lo que sucedía. A veces se pregunta si aquel breve instante de vacilación fue lo que acabó dejándolas como están ahora.

Guardián a las órdenes de Wu Xuan, que defiende el Pueblo de Lu. Armadura pesada completa; el yelmo oculta un único ojo rojo sangre. Porta un escudo gigante, con una fiera gruñendo en la cara exterior. En combate, balancea el escudo para aplastar y barrer, lo clava en la tierra y levanta una nube de polvo, e incluso puede agacharse tras el escudo y cargar. Su pisada es lenta; no esquiva. Recibe a cada enemigo con esa mole acorazada. Creció en campamentos, conociendo solo cuernos y órdenes, nunca el bullicio de un mercado. El general ordenaba al este, iba al este; al oeste, al oeste. Cuando el general ordenó la Trascendencia, se sometió a ella en silencio, sin un ápice de duda. Hace tiempo que olvidó quién era. Solo queda la obsesión de guardar su puesto: quieto como una montaña, sostiene el puesto y no deja que ningún enemigo avance ni un paso. No ha mirado atrás en demasiado tiempo. No sabe que el pueblo a su espalda ya está envuelto en hilos rojos, con marionetas cubriendo el suelo.

Más allá del túnel de los contrabandistas, el cuerpo del maestro Bi Hai espera en el arroyo. Sus ropas de monje cuelgan hechas jirones, y sus ojos entreabiertos aún muestran compasión. Mientras resuenan los cantos, una campana de qi dorado desciende para protegerlo de las hojas, el fuego y el agua, y tres Hombres de Bronce aparecen para guardarlo y atacar sin descanso hasta ser destruidos. El maestro Bi Hai se había retirado del mundo hacía mucho y rara vez veía derramamiento de sangre. Solo deseaba la paz en todo el reino, creyendo que la devoción a la ley de Buda podía librar a la gente de la calamidad. Pero ni el templo antiguo podía cerrar el paso al ruido de la codicia, y comprendió que las falsas enseñanzas ya habían arraigado. La invitación del maestro Bi Yuan le dio ocasión de poner a prueba esa creencia. Aunque ya pasaba de los setenta, afrontó el peligro de buen grado, esperando guiar por la fe a los perdidos y probar la vía de la liberación. Aun sabiendo que el Heraldo había tomado aldeanos como rehenes y tendido una trampa, entró en ella por voluntad, ofreciéndose a cambio de su libertad. Su cuerpo está atado, incapaz de vivir o morir, pero su corazón firme impide que las artes ilusorias lo descarríen. Ahora se ha quemado a sí mismo como una lámpara, arrojando un solo rayo de claridad. Espera que el rosario que deja atrás pueda ayudar a quienes siguen atrapados a ver el vacío de los Cinco Agregados y hallar la liberación del sufrimiento.

En el campo de las estatuas permanece el cuerpo del maestro Bi Yuan. Sus gastadas túnicas taoístas no pueden ocultar su espíritu inflexible. Empuña el Mandoble de bronce de Tianxuan, una hoja pesada y roma con tenues losanges que relucen. Espada y cuerpo se mueven como uno, fluyendo entre ataque y defensa mientras dispersa incontables filos de qi de espada, de modo que resulta difícil acercarse. A Bi Yuan le importaban poco los misterios de la Vía del Cielo o la maestría marcial. Vagaba con libertad, expulsando fantasmas de las aldeas y cazando demonios en los campos. Hace meses, al pasar por el Pueblo de Lu, vio marionetas extendiéndose por la zona y flores rojas cubriendo los rostros de dioses y budas. Alarmado, escribió a un viejo amigo, dejó su secta y regresó a investigar. Halló a personas y marionetas por igual perdidas en la confusión, creyendo las mentiras del Heraldo del Velo. Bi Yuan alzó la espada para resistir, pero los gritos angustiados de las marionetas lo hicieron vacilar, y los hilos del Heraldo lo ataron. Ahora su cuerpo ha caído, y las marionetas junto al pozo han liberado sus almas para que vaguen libres una vez más. El Dao carece siempre de nombre, oculto más allá del nombre. Bi Yuan no tiene remordimientos. Si tuviera otra oportunidad, haría el mismo viaje.

Yuzan, una marioneta de clase «Receptáculo» que custodia el campo de pruebas de marionetas, parece casi la gemela de Acorde. Pulsa las cuerdas de su pipa y transforma sus inquietantes notas en cuchillas afiladas como navajas. Pero las técnicas aprendidas por imitación nunca son perfectas. Si se efectúa una parada perfecta de sus ondas sonoras y sus cuchillas de sonido azules en el momento preciso, sus propios ataques se vuelven contra ella. Su creador quería construir una marioneta capaz de igualar o incluso superar al «Receptáculo Cero», y Yuzan fue uno de los frutos de aquel empeño. Destacó entre innumerables marionetas que albergaban la conciencia de habitantes del Pueblo de Lu, pero nunca llegó a satisfacer por completo a su creador. Su deseo de vivir y su fuerza de voluntad le permitieron soportar la agonía del arte de la transmigración del alma. Pero nada podía compensar su falta de talento y de formación marcial. Al final, solo destacó en la imitación. A medida que se agotaba la paciencia de su creador, los castigos se volvieron más severos. Yuzan no podía hacer otra cosa que practicar más con la pipa, con la esperanza de que algún día pudiera... ¿pudiera qué? ¿Convertirse en el «Receptáculo Cero»? Ya no recuerda qué la impulsó a continuar durante tanto tiempo. Y cuanto más practicaba, más claro veía que nunca podría convertirse en el «Receptáculo Cero».

Yanru, una de las cuatro Acólitas al servicio del Gran Anciano. Por medio de un espantapájaros, se oculta en el interior de la Discordancia. Túnicas escarlata restallan al viento. En la mano, un espantamoscas. Empuña un fuego feroz como arma de matanza. Un barrido del espantamoscas envía varias bolas de fuego a rasgar el aire; pisa las nubes, llama clones para que llueva fuego; incluso puede tender un círculo de fuego que arrasa el campo de batalla. Si un enemigo se acerca, la llama ruge de las mangas; también puede escapar entre las llamas y dejar tras de sí una imagen residual ardiente. Por decreto del Gran Anciano caza a los desertores Luciérnaga y Ocaso. Su mente enloqueció hace tiempo. Le encanta sembrar miedo en los corazones, saborear el terror de una presa. Cree que el sufrimiento de los vivos es la ofrenda más fina a la Dama. Toda vida vale menos que una brizna de hierba. Cuando descienda la Dama Misericordiosa, las llamas que queman el mundo consumirán el mundo viejo, mientras el dolor y los lamentos adornan el nuevo… Yanru espera ese día con todo el corazón.

Un titiritero que desertó del Gran Anciano. Lleva túnicas rituales amarillas y una máscara de bronce antiguo, con pupilas escarlata alineadas en su interior. Bajo su aspecto solemne se esconde una oscura inquietud. Maneja constructos de marioneta y miembros gigantescos desprendidos con la Campana del Marionetista, y puede llamar dobles para confundir al enemigo. Largo tiempo oculto en el foso de marionetas, la mente de Ocaso ya se ha ido. Los restos apilados, enterrados a su alrededor son desechos de los experimentos de marionetas del Heraldo, que aún albergan la conciencia de aldeanos. A él le ordenaron abandonarlos aquí. Esas marionetas no dejan de suplicarle: «Sálvanos, maestro Ocaso… ¿todavía podemos curarnos?... Llévanos a casa…». Voces suaves, una y otra vez, cortándole la mente. Para detener la llegada de la Dama se sometió a la Trascendencia por voluntad propia y fingió aferrarse al Heraldo. Prometió a los aldeanos una medicina que curaría la Enfermedad del Sueño. También había acordado con su hermana menor Luciérnaga que, hecho esto, hallarían un lugar cálido y cuidarían flores juntos… Y el mundo ha llegado a esto. Consumido por la culpa y el Sha-Chi, ruega a Soul que lo acabe, y con un último hilo de claridad quema el cuerpo restante, revelando a Soul el terrible ritual de los Grandes Ancianos.

Hija única de Mu Tianmiao y amiga de la infancia de Soul. Viva, directa y segura de sí, Xiaokui ama la esgrima desde niña y muestra un talento notable para las artes marciales. Con la espada esbelta Oropéndola Salvaje en mano, combate con una velocidad grácil, golpeando diez veces en un instante mientras las sombras de la espada se esparcen a su alrededor. Ligera como una golondrina, destaca en los tajos y las estocadas en el aire, y sus ataques tienen un filo y una vitalidad que solo son suyos. Entonces todo cambió. El padre que siempre había creído inquebrantable fue asesinado, y el asesino era Soul. Zuo Shang pareció aceptarlo casi de inmediato. La consoló, prometiendo vengar a su Shifu y dar una respuesta tanto a ella como a la Orden. Pero Xiaokui habría querido que le dijera que había algún malentendido. Sus días felices juntos aún parecían tan cercanos. Su padre siempre hablaba de sus ideales, pero aun así cedía a sus excusas para llevarse a Soul a practicar la espada, mientras Zuo Shang se quedaba a hacerle compañía. Todos eran una familia preciosa para ella. Entonces, ¿qué ocurrió? ¿Por qué la persona en quien confiaba sin dudar, con quien había soñado vagar por el Wulin y enmendar agravios, se marchó sin una sola explicación y partió sola hacia Pangzhen, con la Orden persiguiéndolo?

Hace años, ella y Soul hicieron una promesa: si alguna vez cruzaban las hojas, ninguno se contendría. En este combate se mueve como el rayo, avanzando y retrocediendo sin dejar abertura. La fuerza se concentra en ambos brazos, y cada golpe es sólido y controlado. Las técnicas que le enseñaron Bailarina de Jade y Demonio de Hierro se funden en ella, y la vuelven casi imparable. Ordena con cuidado el duelo por la muerte de su padre, el misterio de la partida repentina de Soul, los cambios que se gestan en la Orden y la preocupación de quienes la rodean. Se obliga a mantener la calma y a juzgar con acierto. Cuando los asuntos de la Orden quedan zanjados, decide encontrarse con Soul cara a cara y exigirle una respuesta. Luchará contra él con todo lo que tiene, para que entienda cuánta ira y desasosiego le causan su secreto, su marcha sin una palabra y su empeño de cargarlo todo solo. Cuando las hojas chocan y saltan chispas, todo parece congelarse un instante. En ese momento encuentra su respuesta. Quien tiene delante sigue siendo el Soul que conoció. Como ella, no ha cambiado. Aunque se niegue a explicarse, ella misma hallará la verdad y las respuestas.

Una mujer de rostro frío. Una larga Sierra Demoníaca bajo cada pie; maneja ambas hojas con la agilidad de sus piernas, su movimiento como el rayo, sus tajos sin igual. Junto con Demonio de Hierro entrena a la joven maestra Mu Xiaokui y sirve de guarda; obran como uno. Bailarina de Jade era huérfana, salvada por el Soberano de las Sombras en un instante de peligro. Luego la joven Mu Xiaokui la llamó «hermana», diciendo que sería su familia, y algo tierno echó raíz en esta mujer que siempre había guardado el corazón frío. El deber de un escolta pronto se volvió un afecto y una lealtad viscerales. En el campo de instrucción es de hierro con la joven maestra; fuera de él, le enseña con paciencia a presionar los puntos adecuados, aliviando el dolor de los tobillos. Cada don de la joven maestra lo guarda en silencio. Los días pasados a su lado incluso pueden superar los del propio Soberano de las Sombras. Tras morir el viejo soberano Mu, surgieron tensiones en la Orden, y el Wulin también sufrió cambios repentinos. Nadie sabe mejor que Bailarina de Jade qué carga pesa sobre los hombros de la joven maestra. Y más que el destino de la Orden, teme por la vida de la joven maestra.

Un artista marcial que pelea con Guanteletes de hierro, condiscípulo mayor de Fiebre de Hierro. De complexión imponente, el rostro severo. Se mantiene firme como una montaña; sus puñetazos caen con una fuerza aplastante. Junto con Bailarina de Jade entrena a la joven maestra Mu Xiaokui en las artes marciales y sirve de guarda; obran como uno. Las rencillas de su secta estaban zanjadas, y aun así el Wulin seguía lleno de corrientes ocultas. Demonio de Hierro quiso salir del caos, pero la invitación de la Orden - y las «reglas» que esta hacía valer - decidieron su ingreso. En la Orden, Demonio de Hierro asumió la tarea de proteger a la joven maestra. «Proteger a los débiles y alzar los puños contra los fuertes» había sido siempre el camino marcial que seguía. El tiempo solo ahondó esa lealtad. En Xiaokui veía un corazón claro y bondadoso, y la fuerza para guiar a otros. Merecía que la protegiera con la vida, y haría cuanto pudiera para ayudarla a crecer. Ahora el viejo Soberano de las Sombras ha muerto, y Soul - uno de los Emisarios de las Sombras - ha desertado. Se juntan tormentas dentro de la Orden. Aunque Demonio de Hierro lamenta lo ocurrido, no desea juzgar. Seguirá cualquier decisión de la joven maestra.

Capitán de los guardianes de las Sombras, vestido de escarlata y con el rostro cubierto por una máscara de oro. Empuña un par de martillos de cadena cargados de polvo de fósforo. Al girar las cadenas, el polvo se esparce; cuanto toca se inflama. Un golpe súbito contra el suelo puede desatar una tormenta de fuego de fósforo, chispas volando. Como quien maneja el fuego, Ascua sabe cuán fiera puede ser la llama de fósforo. Siempre ha sido cuidadoso, casi reverente. El Sello mental en su cuerpo también le enseñó a poner la Orden primero, y a sí mismo al último. Hasta una misión en que por azar salvó a un sanador errante. El hombre ofreció una máscara en agradecimiento, y suspiró que un hombre de la talla de Ascua debía llevar una máscara espléndida para mostrar su rango. Ascua quiso rehusar, pero el sanador errante juró por su vida que aquello ayudaría a dominar el Sha-Chi y serviría de mucho al uso de las artes marciales. Año tras año de las mismas técnicas, solo para contener el fuego de fósforo: qué vida yerma. Y la amargura de un capitán que nunca ha figurado entre los verdaderos maestros de la Orden: ¿no lo ha quemado también eso? En aquel instante no halló ya razón para rehusar.

La máscara de oro ocultó el fuego de fósforo que roía el Sello mental, e incluso hizo que ese fuego ardiera más caliente. Al final solo quedó el más tenue resto del Sello; el interior estaba desde hacía tiempo quemado por dentro. Entonces quien movía los hilos desde la sombra los puso en marcha en silencio. Antes de que Ascua lo notara, los hilos de vela que sostenían su sentido del yo se rompieron uno a uno. El Sello mental se hizo ceniza. Llamas enormes surgieron de pronto, reventaron el cráneo y lo dejaron como un fuego verde tenue aferrado al cuerpo. El dolor abrasador se extendió como una plaga por cada miembro y convirtió su conciencia en combustible del fuego de fósforo. En lo más alto de la quemadura llegó un frío extraño, hasta el hueso. Aun así el cuerpo arruinado permanecía, lanzando fuego de fósforo a voluntad: como si, tras una comezón por fin rascada, hubiera nacido un hilo de placer. «¿Ves? ¿Te mintió aquel sanador errante?» La voz resonó en lo que quedaba de su mente… Sí. La máscara de verdad podía ayudar a dominar el Sha-Chi… Solo que quien se benefició nunca fue él, sino el que tira de los hilos.

Un guardián de las Sombras de élite que guarnece las calles de Pangzhen. Negro sobre negro, como una noche quieta y densa; ambos filos de Rompeejércitos en sus manos manchados de sangre. Sus técnicas se abren de par en par y caen con precisión entrenada. Su sable avanza y cede a voluntad: estocada, tajo, corte en rueda, la hoja envolviendo escombros y polvo, su fuerza oprimiendo toda la calle. Fue élite del Mandato, feroz y dispuesto. Esa costumbre hundida en el hueso de obedecer órdenes solo se ahondó bajo el Sello mental. En pelea no sopesa ganancia, no guarda pensamiento privado: solo la orden del Soberano de las Sombras, sin miedo a la muerte, derecho. Cada matanza es un festín de batalla que le pertenece solo a él. Rompeejércitos y él se fundieron hace mucho. El cuerpo es la hoja. Las órdenes marcan su camino.

Un guardián de las Sombras de élite custodia los muelles de Pangzhen. Viste solemnes túnicas negras y su aspecto recuerda al de Cortajinetes, que lucha por defender las calles. Dos discípulas de la Secta de Baishan suelen acompañarlo y obedecen sus órdenes. Empuña un par de Ganchos de Despedida, que giran como aros durante el combate. Sus técnicas, precisas y disciplinadas, sirven tanto para atacar como para defender y destacan por convertir la defensa en ataque. Se rumorea que pasó media vida observando las reglas y preceptos de su secta, convencido de que al final prevalecería la justicia. Pero sus seres queridos y amigos jurados fueron encarcelados injustamente y ejecutados sin motivo. Entonces comprendió que la supuesta rectitud y el orden del Mandato no eran más que palabras vacías. Abandonó su pasado y se consagró al orden del Soberano de las Sombras. Recogealmas nunca actúa sin prepararse a conciencia ni entra en combate si no está seguro de vencer. La distinción mundana entre el bien y el mal no le importa: solo le interesan el cumplimiento de las reglas y el mantenimiento del orden. Para él, las reglas definen la equidad. Sin embargo, ni siquiera sus cuidadosos cálculos bastaron frente a Soul.

Maestro de la hoja llameante, vestido con túnicas adornadas con motivos de fuego. La máscara que antes ocultaba sus quemaduras cubre ahora un rostro hueco, suprimiendo el Sha-Chi frenético provocado por la trascendencia. Su hoja no necesita llama externa: el fuego brota del acero mismo, y cada barrido desata un infierno ardiente. Hace años, Zhu Yuan sobrevivió a un campo de batalla envuelto en llamas. Vio cómo las hojas más veloces y las densas lluvias de flechas desaparecían en la conflagración. Hechizado por ese poder devorador, se entregó al estudio del fuego y templó su arte en su calor. Ni siquiera quemaduras por todo el cuerpo detuvieron su búsqueda para dominar las llamas. Los hornos de la Torre del Sha-Chi arden día y noche, y el metal fundido fluye sin cesar. Un dispositivo dejado aquí sirvió para transformar a Zhu Yuan, permitiendo a su cuerpo soportar un calor extremo y llevando su técnica de hoja a nuevas alturas. Luchó contra las llamas hasta poder por fin fusionar el fuego con su hoja y dominarlo mediante el Sha-Chi.

Un general que en su día condujo a sus tropas en sangrientas batallas contra los caminantes enmascarados, y más tarde quedó apostado en los callejones apartados de Pangzhen. Su armadura pesada comparte origen con la de Zhuo Bi, guardián del Pueblo de Lu. Cual torre de hierro, blande su maza de púas con fuerza aplastante y la sed de sangre de un lobo rabioso. Acorralado, puede convertir el Sha-Chi en fuego del caos para calcinar a sus enemigos. Innumerables trascendidos murieron a sus manos, y sus dispositivos fueron injertados en su propio cuerpo. Aún vive en los años en que los caminantes enmascarados pululaban. Desoyendo toda objeción, ordenó a todo su ejército someterse a la trascendencia, y vio a sus camaradas hundirse en la locura. Tras acabar con ellos él mismo, incrustó sus dispositivos en su carne, con la esperanza de llevarlos a casa de ese modo. Pero su corrupción ha ido demasiado lejos. A medida que se acumulan los dispositivos, su humanidad se desvanece. Su conciencia ha empezado a transitar brevemente entre el Reino de la Vigilia y la Discordancia, acercándose incluso a las profundidades de esta... Ahora comprende que allí está su verdadero hogar. Debe devorar más dispositivos, acercarse aún más y entregar las innumerables almas de los muertos a la Plaga.

Una mujer enjuta de blanco vela junto a un pozo seco, cantando una y otra vez que ha oído a su amado llamarla. Quien osa perturbar su delirio queda atrapado en sus mangas fluidas como cuchillas y preso de las artes ilusorias en una oscuridad sin fin. Una vez presenció cómo un discípulo del Gran Anciano conjuraba incontables ilusiones con el sonido de una cítara, cada una de una belleza sobrecogedora, y siguió a ese discípulo sin vacilar. Pero lo que el Gran Anciano enseñaba era solo otra forma de Trascendencia del Sha-Chi. Nunca halló modo de unir la ópera y las artes ilusorias, y le quedó un rostro cada vez más torcido y desfigurado. Fue una carta de su amado la que le dio la resolución de arriesgarlo todo para escapar de aquel camino torcido. Tras escapar apenas con vida, huyó de la secta, ocultó el rostro arruinado tras una máscara y reprimió su Sha-Chi, para llegar al lugar donde ella y su amado habían prometido encontrarse. En todo Pangzhen no había ningún rostro familiar. Buscando con sus artes extrañas, halló en cambio un rastro persistente del recuerdo de su amado. En vida le había gustado escucharla cantar, así que el pozo se volvió su escenario, y ella una mujer atrapada entre la ópera y el sueño... Mientras siga cantando, su amado volverá. Aunque cada canción esté llena del sonido de su llanto.

Un sanador que ha hecho de los callejones de Pangzhen su dominio y lleva una máscara adornada con monedas de cobre. Su habilidad supera con creces la de sus colegas, lo que le ha granjeado la admiración de los trascendidos. Sin embargo, sus tratamientos consumen mucho más Sha-Chi que los de los sanadores enloquecidos corrientes. El trágico destino de su maestro le enseñó que hasta los sanadores bondadosos pueden tener un final amargo, mientras que el anonimato de su hermano menor de escuela, Xie Xiaorong, le demostró que años de esfuerzo pueden pasar inadvertidos. Ambas cosas se convirtieron en excusas para sus propios años desperdiciados y sus ambiciones frustradas. Cuando la Trascendencia perfecta se extendió por Pangzhen, vio su oportunidad. Utilizó su oficio para atraer a mujeres trascendidas de la Secta de Baishan y absorber su Sha-Chi, y luego entregó una pequeña parte de aquel poder robado a personas desesperadas que lo necesitaban. Quienes recibían su tratamiento lo aclamaban como el mayor sanador de su tiempo, mientras pocos reparaban en las pilas de cadáveres de trascendidos. Las monedas de cobre de su máscara tintinean mientras absorbe con avidez el dulce Sha-Chi. Les dio a aquellos desdichados unos días más de vida. A su juicio, eso lo convierte en el verdadero sanador que decide quién vive y quién muere.

Un Caminante enmascarado que caza a los vivos a lo largo de las vías de agua de Pangzhen. Lleva el Yelmo de Loong acorazado, está en el agua tan a gusto como en tierra, y con una sola lanza de pesca puede revolver mil capas de oleaje. Pelea a través del agua, subiendo y hundiendo, apareciendo y desapareciendo. Cada río, lago y marisma es su coto. Fue antaño líder de la Banda de las Aguas Negras. Por puro valor ahuyentó a bandidos de río y guardó los canales, y el pueblo lo aclamó. La tripulación prosperó, con sus propios muelles y caminos de agua, que daban sustento a toda una franja de la ribera. Héroes vinieron a buscarlo; ancianos vinieron a retirarse. Luego los Tres Pilares de Kunlun vinieron a cazar Caminantes enmascarados. La Banda de las Aguas Negras quiso ayudar al Mandato y combinó sus técnicas acuáticas con la Trascendencia perfecta. En cambio toda la hermandad mutó, al acecho bajo el agua, cazando vivos… y aún eran hermanos. No fue rival para Soul. El Yelmo de Loong acorazado quedó destrozado. El Sha-Chi dentro de él ya no podía contenerse. You Loong simplemente huyó por el agua… No debe morir aquí. Si muere, los viejos y los jóvenes de la aldea, los hermanos de la tripulación, no tendrán a nadie en quien apoyarse…

Una de las cuatro Acólitas al servicio del Gran Anciano: Lei Ting. Por medio de un espantapájaros, se oculta en el interior de la Discordancia. Túnicas verde oscuro, un espantamoscas en mano. Empuña el rayo como arma de matanza. Un leve movimiento del espantamoscas hace caer varias columnas de rayos del cielo. Puede moverse sobre el rayo, y convertirse en el centro de un anillo de rayos que se expande y sacude el campo de batalla. Primero el Gran Anciano le ordenó colarse en Pangzhen y vigilar al Heraldo, pero las defensas de la Secta de los Hilos Vinculantes eran demasiado sólidas, y no pudo hallar una abertura. Más tarde, por orden del Gran Anciano, se volvió hacia el Banyán de rostro humano, donde no dejaban de aparecer signos extraños. El árbol está lleno de Sha-Chi; si se puede tomar, puede ayudar a abrir la Grieta y adelantar el descenso de la Dama… Las leyes mortales son demasiado indulgentes. Aun así, cuando descienda la Dama Misericordiosa, el trueno divino de los Nueve Cielos lo juzgará todo. Entonces los falsos principios se derrumbarán, el pecado será castigado, y una justicia absoluta rehará el mundo humano… Lei Ting lo cree sin duda.

El trueno raja el cielo mientras un hombre y su caballo descienden desde lo alto. Chang Hong es un maestro de la lanza, de grandes méritos en la Orden, de modos calmos y firmes, guiado por un fuerte sentido de la justicia. También es un viejo amigo que antaño combatió codo con codo con Soul. De joven, Chang Hong aprendió la lanza de un anciano escolta y dominó sus técnicas en un mes. Siguió entrenando sin descanso, practicando la lanza contra las ondas del agua, hasta que su arte llegó a reunir el rayo y llamar al trueno. Tras presenciar conflictos brutales más allá del Wulin, Chang Hong pasó a valorar la paz y la estabilidad, tanto en el Wulin como en la Orden. Mantiene un perfil bajo y rara vez usa su verdadero nombre. Incluso cuando se casó y tuvo un hijo, invitó solo a un puñado de amigos íntimos a celebrarlo. En los momentos más quietos, se le encuentra a menudo sentado en un rincón del Pabellón del Conocimiento, bebiendo solo. Ahora que él y Soul vuelven a encontrarse, ¿ha venido a saldar un asunto personal, o a cumplir el encargo de la Orden?

Los enredos del Wulin deben resolverse al modo del Wulin. Si no lo das todo, ¿cómo saber lo que de verdad hay en el corazón de tu adversario? Chang Hong llama a su caballo querido. Con un gesto de su Lanza tonante, viento y nubes se agitan, y el rayo responde. Jinete y montura se mueven como uno solo. Los cascos truenan hacia delante mientras la lanza hiende hacia abajo y clava el rayo en la tierra. Los relámpagos se enroscan por el suelo como serpientes de plata, y el enemigo apenas tiene sitio para esquivar. Mientras cruzan golpes, el rayo y las sombras de las hojas chocan una y otra vez, hasta que la daga de Soul se detiene en el cuello de Chang Hong. Aunque derrotado, Chang Hong siente que un peso se le levanta del corazón. Este sigue siendo el Soul que conoce, con el ánimo intacto. Con esta lucha, Soul ha demostrado su resolución de sobrellevarlo todo en solitario. No hay nada más que decir. Chang Hong se despide de su viejo amigo, se echa la lanza a la espalda y monta. Con un relincho y el rumor del trueno, se aleja, y la pesadez de su corazón ha desaparecido.

En lo hondo de las ruinas del salón de la danza del león, ahogadas por el Sha-Chi, el fuego alumbra la noche. El gran maestro Flama alza en alto la cabeza de león de acero, con el segundo al mando, el veterano Mo, haciendo de cola tras él. Los dos pisan las Estacas de Flor de Ciruelo en llamas, saltando y girando en perfecto acuerdo, y cada movimiento recoge la majestad del león poderoso. Pero ambos danzantes están controlados por máscaras cosidas a sus rostros. Cada salto y cada embestida lleva intención asesina. Unas hojas de sierra giran a ambos lados de la cabeza de león como los colmillos de una bestia, devorando cuanto se planta ante ellos. El fuego que escupe la boca del león ya no puede ahuyentar el mal. En su lugar, quema todo a su alrededor, alimentado por el Sha-Chi. El desastre empezó con las campanas de Nochevieja, que agitaron el Sha-Chi. Las llamas fuera de control desataron una matanza y quemaron a la gente de la finca y a los Discípulos de la Danza del León. El propio Flama quedó gravemente herido y agonizando en el incendio, donde Leng Tu lo sometió a la Trascendencia perfecta y usó la máscara para controlar su mente. Un danzante del león cuya vocación era someter el mal no se convertiría él mismo en una cosa malvada. Con lo último de su voluntad, selló sus propios meridianos y reprimió su naturaleza asesina. Espera a que venga uno nuevo a recoger el verde a través de las llamas, ponga fin a esta calamidad y queme en su lugar los males del mundo.

Aún danza entre las llamas, como hacía años atrás entre los vítores del público, ahuyentando el mal y llevando bendiciones a la gente. En el fragor del combate, se alza sobre los postes de flor de ciruelo y lanza un largo grito para llamar a sus discípulos a danzar con él. Todos los danzantes del león han caído víctimas de la Trascendencia perfecta y han perdido la razón. Convierten el arte de la danza del león en técnicas mortales y cargan contra Soul, pero este los derrota uno tras otro y se apodera de la cabeza del león. Tras la máscara, contempla a Soul saltar a los postes elevados y luchar como un danzante del león. Ve en él la esperanza de que su arte perdure. Por fin ha llegado quien debía recoger el verde, aquel a quien esperaba para ejecutar con él la última danza. Al concluir la danza, Soul se pone la cabeza de león de Flama. Cuando los brillantes ojos del león se encuentran con los suyos, la voluntad de Flama se libera al instante del dominio de la máscara. Sabe que le queda poco de vida y que ante él se encuentra un nuevo danzante del león. La energía espiritual del Cielo y la Tierra se concentra en esos ojos. El Gran Maestro ya puede partir en paz. Junto con la cabeza del león, confía a Soul el arte de la danza del león y la voluntad de ahuyentar el mal.

En la tierra desolada del cementerio, Xue roe cadáveres en descomposición. Su mirada hambrienta se posa en los vivos y los muertos que alcanza a ver. Al blandir su rastrillo sin control, puede invocar varias figuras sombrías con su misma apariencia. El año pasado, mientras huía de una calamidad, Xue estuvo a punto de morir de frío y hambre. Por fortuna, un grupo de héroes errantes la rescató y prometió protegerla y enseñarle artes marciales. Pero sus promesas terminaron en un combate contra los Caminantes enmascarados frente al campamento. Ya no recuerda quién le dijo que se escondiera bien y prometió volver… Cuando fue a buscarlos, solo encontró unos pocos cuerpos mutilados, con los rostros irreconocibles. Xue enterró los cuerpos, recogió lo que había quedado esparcido y esperó en silencio el regreso de los héroes… Pero su equipaje se iba vaciando. Hacía tiempo que no quedaba nada comestible en su interior. Cuando volvió el hambre, escarbó en la tierra blanda que tenía delante. Una voz en su cabeza le decía que allí podía encontrar raíces comestibles y boniatos…

Wan Jun, un gigantesco guerrero del martillo que custodia el Campamento del Mandato, tiene el cuerpo cubierto de cicatrices de la Trascendencia perfecta. Su Calabaza dorada puede hacer añicos la piedra y sacudir el suelo con cada golpe. Temido por su fuerza y ridiculizado por su torpeza mental, Wan Jun solo encontró compañía en las palomas que se posaban en sus brazos. Huangxing lo reprendió por desperdiciar semejante fuerza con los pájaros y le enseñó la Trascendencia perfecta, prometiéndole que aguzaría su mente y lo convertiría en un guerrero admirado en todo el Wulin. Nadie había esperado nunca tanto de Wan Jun. Desde entonces, siguió a Huangxing sin cuestionarlo. Incluso cuando el Sha-Chi le nubló la mente, permaneció a la entrada del Campamento, cumpliendo sus órdenes. El Campamento yace ahora en ruinas, pero las palomas siguen junto a él. Cuando Soul por fin lo derrota, un pensamiento cruza su mente que se apaga: la promesa de Huangxing de que la Trascendencia perfecta no tenía ningún precio era una mentira.

Una mujer misteriosa de rojo que una vez apareció en lo alto de la torre del Palomar. Su esgrima es ligera y graciosa, y aun así el Sha-Chi ya le ha quemado el rostro en un hueco torcido. Queda un hilo de razón. Permanece en lo alto de la torre como si esperara a alguien importante. Así, cuando combatió a Soul, no tenía intención de darlo todo. Empujada por el Sha-Chi, apenas podía controlarse. Venía de una secta malvada, y aun así se enamoró del discípulo en jefe de una secta del Mandato. Los altos rangos del Mandato jamás podían tolerar la secta de la que venía, y su amor se volvió un pretexto para perseguirla. La sometieron a humillación tras humillación y luego le perdonaron la vida con hipocresía. Qué absurdo. Esos mismos dirigentes no tenían deseo de enfrentarse a las criaturas inhumanas, y aun así estaban dispuestos a llegar muy lejos contra una pequeña secta que vivía apartada. Se proclamaban el camino justo y no poseían una fracción del valor y la integridad de los discípulos a su cargo. Para sobrevivir, y para buscar venganza, se sometió a la Trascendencia. Pero mientras permanece en lo alto de la torre, mirando abajo el Campamento del Mandato en ruinas, ¿se pregunta si todo fue para nada? O quizá, en cuanto al amor y al odio de su vida, no tiene arrepentimiento.

Con el Discípulo Jefe al frente, siete espadas se mueven como una, dispuestas en forma del Carro del Norte: así la Formación de las Siete Estrellas. Tras la Trascendencia perfecta el Sha-Chi las ata aún más, avanzando y cediendo como un solo cuerpo. Los siete habían mantenido siempre una conducta íntegra, castigando el mal, promoviendo el bien y puliendo la espada, sin buscar conflictos. Pero el Discípulo Jefe amó a una mujer de una secta malvada, quebrando las reglas del Mandato. Pese a su destreza sin igual con la espada y a sus años de servicio, la alianza seguía negándole un ascenso y lo despreciaba cada vez más. El Discípulo Jefe se limitó a sonreír y soportó cada injusticia. No quería fallar a quien amaba ni a su secta. Quería una vía que le permitiera mantener la conciencia tranquila entre un «bien» y un «mal» irreconciliables. Entre esas dos imposibilidades a menudo sentía que les debía demasiado a los discípulos más jóvenes que lo habían seguido hasta el final. Lo vieron claro. Nunca lo culparon; les indignaba la injusticia que sufría. Y entonces aquel asunto… destrozó el resto de su respeto por los dirigentes de la alianza. Ceder sin medir las consecuencias solo los convertía en peones a los que explotar y pisotear. En esa furia se lanzaron a la Trascendencia perfecta, y la alianza lo usó para borrar sus nombres, de modo que el Wulin los conoció aún menos: sobre todo al Discípulo Jefe, cuya espada era suprema, que dirigía la formación.

En la alta plataforma, tres discípulos atrapan un hilo rojo con las puntas de sus espadas y izan con él al Discípulo Jefe, colgado invertido en el aire. Manipulado por los hilos, blande la hoja: como una marioneta que intenta liberarse de sus hilos; como un espectro, lanzando incontables hilos rojos afilados como navajas desde los huecos negros de su rostro, envolviendo y cortando, como si llorara lágrimas de sangre. Una vez amó a una mujer de una secta malvada. Los dirigentes del Mandato no iban a tolerar ese vínculo, y con una orden separaron a la pareja. Un Discípulo Jefe que solo había conocido la formación de espada: ¿qué sabía de intrigas y maquinaciones? Por primera vez en su vida se opuso torpemente a su secta. Lo que recibió fue mirar, impotente, cómo torturaban a quien amaba, dejándola cubierta de heridas. Ni una formación de espada sin par le dejó proteger a quien quería proteger. Cuando el corazón muere, ya no queda mucho que perder. Entregó lo que restaba a los hilos. ¿Qué importa si esa postura colgante parece de marioneta? Al menos esta vez sostendrán un extremo de los hilos en sus propias manos.

La discípula de mayor rango de la Secta de Baishan y la primera discípula de Bi Taotao. Cuando Soul se encontró con Wu Lengshuang en el confinamiento, su máscara ya estaba agrietada y ella luchaba por reprimir el Sha-Chi que se agitaba en su interior. Incluso con una espada flexible en la mano, dúctil pero inquebrantable, conservaba su elegancia y compostura habituales. Al igual que Bi Taotao, Wu Lengshuang consideraba tanto la Trascendencia perfecta como la Trascendencia artes heterodoxas. Cuando su maestra desapareció, partió en su busca, decidida a descubrir la verdad. Jamás habría imaginado que sus compañeras de secta se habían convertido en caminantes enmascarados y marionetas, hasta que lo vio con sus propios ojos. Tras descubrir la verdad, ella también fue transformada. Incluso cuando su Sha-Chi se descontroló, siguió preocupándose por su maestra, a quien habían llevado al final del sendero de la montaña. Hija de un rico mercader, decidió aprender artes marciales al contemplar el caos del mundo. La flexibilidad que había desarrollado mediante la danza se convirtió en una esgrima frenética bajo la influencia del Sha-Chi. Quien fuera la discípula de mayor rango de Baishan ya no podía proteger a su secta ni presentarse ante sus mayores. Con el cuerpo transformado y el corazón atormentado, solo le quedaban lealtad y pesar.

Una marioneta espadachina de clase «Receptáculo» con cuchillas en la parte inferior de las piernas, fabricada con un material más duro que el hierro refinado y con una precisión exquisita. Su rostro aún conserva los antiguos rasgos de Bi Taotao y su cabello negro ondea como antes. Empuña un par de Espadas Tormentosas de Baishan, cuyos golpes van acompañados de viento y trueno. Hacerse cargo de la Secta de Baishan parece cosa de ayer. Entonces dejó atrás su timidez y juró afrontar cualquier tormenta por la secta y devolverle su antigua gloria. Cuando llegó la noticia de que Huangxing impulsaba la Trascendencia perfecta, Bi Taotao acudió de noche y a toda prisa al Campamento del Mandato para exigir una explicación. En su lugar, cayó en una trampa que se cerró sobre ella por ambos lados. Creía que todavía respetaban las reglas de la senda justa. Creía que ceder podría proteger a sus discípulos. Al final, no se salvó nada. Le extrajeron sus recuerdos más preciados uno a uno y, una vez vacía, la introdujeron por la fuerza en el cuerpo de una marioneta. Las Espadas Tormentosas de Baishan seguían en sus manos, pero en su interior solo quedaba el vacío. Los restos del campo de instrucción la llenan de tristeza, pero enseguida olvida por qué siente tristeza. Al final, solo sabe que ha olvidado algo profundamente importante. Incluso mientras sufre por esa pérdida, también ese recuerdo le es arrebatado de pronto.

Un bruto frenético y arrogante, con una máscara improvisada con chatarra, que empuña con una sola mano un hacha de hoja ancha. La sangre seca cubre el filo pesado. Cuando cae, su peso y su fuerza son brutales, y cada golpe está lleno de locura. Antes seguía de cerca a su hermano mayor, temerario, y limpiaba en silencio el desastre que dejaba. Siempre recordaba la enseñanza de su madre: eran hermanos de sangre y debían ayudarse. Ni siquiera tras la Trascendencia lo había olvidado del todo. Entonces, ¿por qué, cuando el Mandato lo capturó, su propio hermano ni siquiera miró atrás? Más tarde montó guardia en un campamento del Mandato, a su servicio. Y el Mandato que antaño se alzaba por encima de todos, cazando a los dos hermanos, había caído hasta volverse Caminantes enmascarados apenas distintos de él… Ya no queda bien ni mal en este mundo. Cada cual solo debería ser leal a sí mismo.

Un espadachín de élite a las órdenes de Huangxing. Su amplio sombrero de paja, calado, oculta el rostro falso que hay debajo. Empuña Coloso, una hoja tosca y moteada cuyos tajos de barrido golpean con la fuerza de una montaña que se desploma. Antaño llevó su hoja por las tierras baldías, combatiendo a caminantes enmascarados en batallas sangrientas, una y otra vez. Pero aunque su hoja podía derribar a cada caminante enmascarado, no podía cortar la corrupción y la podredumbre de los altos rangos del Mandato. Retenían los suministros, veían morir a sus discípulos y se daban al placer mientras los cadáveres se amontonaban en el frente. La supervivencia del Mandato, sus ideales y su gloria no eran más que peones en sus intrigas. Con cada decepción, su fervor por defender el Mandato se apagaba un poco más. Hasta que el maestro Huangxing, uno de los Tres Pilares de Kunlun, con mano de hierro y espada, desgarró el hedor de la corrupción dentro del Campamento y llevó a sus seguidores a cortar sus males de raíz. El fuego de su corazón, dormido largo tiempo, ardió de nuevo. El Mandato aún podía reconstruirse, y esa esperanza no estaba lejos. Estaba en manos del hombre al que había elegido seguir: el maestro Huangxing.

Una loca que ataca a quienquiera que encuentre en los senderos del Monte del Cautiverio. Su ropa violeta está hecha jirones, su máscara de bronce es tosca y torcida, y su pelo gris va revuelto. Empuña una pesada maza de púas y la hace girar y estrellarse en un frenesí sin técnica discernible. Cuando el Mandato y los seguidores de Huangxing se disputaban el paso, Kui Yanyan irrumpió de pronto en la refriega. Aún recuerda vagamente la tragedia de su hijo querido. Después de que se volvió un caminante enmascarado, los aldeanos lo despedazaron ante sus ojos. En su dolor, le arrancó el dispositivo de Trascendencia y se lo implantó, sacrificando la sangre de todo un pueblo a su memoria. Desde entonces vaga en busca de una medicina, aferrada a la ilusión de poder devolverle la vida a su hijo... Esos gritos y esos choques han de significar que alguien ha vuelto a matar a su niño... Lo que se disputan hasta la muerte ha de ser la medicina milagrosa que puede salvar a su propia sangre... Alza la maza de púas y carga contra el entrechocar de las hojas.

Un caminante enmascarado que provoca a Soul una y otra vez a lo largo del sendero de la montaña. Lleva una máscara de jade, de colores chillones y grotescos. En combate puede luchar junto a dos dobles: Máscara de Jade maneja anillos con movimientos arteros e imprevisibles; Máscara de Oro maneja una espada con golpes astutos; Máscara de Hierro maneja una hoja con una fuerza brutal. Fintas y ataques verdaderos se entrelazan, mientras una sonrisa inquietante esconde su intención mortal. Huangxing lo envió a vigilar los movimientos de Soul, pero simplemente miró divertido cómo Soul trepaba desde el pie de la montaña hasta la cima. Su naturaleza extraña e imprevisible no se parece a la de los demás bajo Huangxing. Su mezcla de artes marciales y técnicas extrañas podría incluso indicar que comparte los mismos orígenes que los Hilos Vinculantes... ¿Qué papel desempeña este hombre bajo las órdenes de Huangxing? Con todo, la batalla en el santuario no pareció derrotarlo del todo. Quizá esta era la contingencia que se había guardado en reserva.

En la cumbre del Monte del Cautiverio, en el templo de la Dama del Velo, Huangxing, antaño uno de los Tres Pilares de Kunlun y ahora la mente detrás de la Trascendencia perfecta, celebra su corte. Lleva un yelmo con máscara, y el brazo izquierdo, del codo hacia abajo, está hecho de mecanismos intrincados. Con ellos puede manejar la Guillotina voladora a distancia o desenvainar la espada para el cuerpo a cuerpo. Sus ataques son contundentes e implacables. Incontables opositores a la Trascendencia perfecta han muerto a su mano. Usará su sangre para abrir un camino nuevo. Los altos rangos del Mandato están corrompidos y sus discípulos son débiles; quienes tienen el poder carecen de resolución, y quienes tienen resolución carecen de poder. Yuyin se aferra a las reglas del Wulin, mientras que Moji es de una ingenuidad dolorosa. Estas injusticias han prolongado el baño de sangre y causado incontables muertes innecesarias. Se alió con el maestro Bai para conspirar contra Yuyin y el Acorde. Impuso la Trascendencia perfecta en el Campamento, tomó el Monte del Cautiverio con sus seguidores de élite y no mostró piedad con quienes se le oponían, ni siquiera con Moji. Un nuevo Wulin, un nuevo Mundo Espectral, se despliega ante él. No hace falta mirar abajo, a los huesos bajo sus pies.

Una sierra de rostro espectral brota de su cuerpo y se funde con la Guillotina voladora. Su mente toma forma como un reino espectral, donde la estatua de la Dama del Velo se alza, revelando el secreto supremo que anhela descubrir y el poder abrumador que busca reclamar. También oculta la estatua verdadera del santuario, y la mirada de Moji sellada en ella. La sierra ruge y gira. Ha desechado la forma humana, y parece haber desechado lo último de su humanidad. Fue él quien selló a Moji dentro de la estatua, para demostrar que tenía razón, para hacerle ver la decadencia del Mandato y para mostrarle el nuevo Wulin que forjaría. La sierra ruge y gira. La culpa, la rabia y el resentimiento que le quedaban, los últimos vestigios de su humanidad, parecen desvanecerse. El poder que busca es inmenso. ¿Qué importa sacrificar la carne y la humanidad para obtenerlo? La sierra ruge y gira. Se lanza a un frenesí de matanza, libre al fin de tener que enfrentar la estatua de su corazón. Moji jamás lo aceptaría así. Ahora ya no necesita su aprobación.

Un guardián de las Sombras de élite que vigila ante la Casa de la Serpiente Blanca. Quienes caen en sus hachas giratorias mueren en una agonía que rasga las entrañas: de ahí su nombre. Lleva verde sobre verde; en pelea las túnicas se abren como alas de polilla verde, su movimiento derivando. Las Hachas Dobles Cercenadoras en sus manos destellan frío, girando con el cuerpo, el asalto sin fin. Tras lance sobre lance, sus túnicas aún pueden no tener una mancha de polvo. Siempre conserva la calma. Ante un maestro, esa calma le permite analizar las técnicas del adversario. Ante los débiles, no es piedad sino indiferencia. Esa es su forma de seguir vivo. Las vidas ajenas no le importan; solo sopesa cómo el campo sirve a su avance o retirada. Antes de que Zuo Shang se volviera Soberano de las Sombras, la trayectoria de Perforacorazones entre los Guardianes de élite no destacaba. Una vez Zuo Shang tuvo ese poder, Perforacorazones recibió la grave tarea de guardar la Casa de la Serpiente Blanca. ¿Fue esa sangre fría lo que ganó la confianza de Zuo Shang, o un «arreglo especial»? ¿Y está ya el fin de Perforacorazones en los planes de Zuo Shang?

Uno de los cuatro Acólitos del Gran Anciano, Guhe se oculta en la Discordancia por medio de un espantapájaros. Vestido con inquietantes túnicas púrpuras, utiliza un veneno letal como arma. Al agitar su espantamoscas, extiende una bruma tóxica en todas direcciones que penetra hasta los huesos y corroe el corazón. También puede conjurar un doble venenoso que emplea las mismas técnicas. A corta distancia, el veneno brota de sus mangas y corroe a sus enemigos. Los afectados sufren un dolor atroz mientras el veneno les devora los órganos y les consume poco a poco la vitalidad, hasta que mueren entre terribles tormentos. Por decreto del Gran Anciano, mora en el corazón de las islas del Lago Meigu y vigila el lago día y noche. Elimina a cualquiera que pueda estorbar el descenso de la Dama del Velo, sin dejar amenaza sin controlar. En cuanto se agita una formación ritual, sea cual sea su causa o su verdad, acude en persona a desmantelarla y a dejar al descubierto lo que hay debajo. La carne es una ilusión, y toda vida acaba por pudrirse. Pero cuando descienda la misericordiosa Dama del Velo, el veneno se extenderá por el mundo y despojará a todas las cosas de sus falsas apariencias... Guhe anhela ese día.

El jefe de los Caminantes enmascarados que acechan ante los muelles de aguas poco profundas. Vestido de rojo y con una hoja carmesí, se mueve con una imprevisibilidad inquietante. Sus lamentos convocan una niebla de sangre, el desespero hecho forma. Los seis que lo acompañan enloquecen al oírlo, su Sha-Chi se dispara y se lanzan a la refriega uno tras otro. Los siete venían de Pangzhen y estudiaban bajo el mismo maestro. Jin era el más joven. Al saber que su madre de nacimiento había muerto injustamente, se cortó un dedo para proteger a su hermana, y se ganó el afecto de sus hermanos mayores. Más tarde supieron que su padre y su tía despreciaban a su hermana Xiu. Temiendo a Jin, descargaron la ira sobre la doncella de Xiu, y la crueldad fue a peor cada día. La frágil Xiu cayó pronto gravemente enferma, y los hermanos se indignaron. Hallaron agua de la transmigración del alma para aliviar el sufrimiento de Xiu y juraron que, si algún día ascendían en el mundo, protegerían a los hermanos y buscarían justicia para ellos. Si algún hermano caía, los demás cuidarían de su familia. Pero ninguno tenía un talento excepcional, así que entrenaron día y noche y al cabo se sometieron juntos a la Trascendencia. Antes de poder hacerse un nombre, una enfermedad extraña barrió el pueblo. Intentaron volver a casa, pero unos cuerpos alterados por la Trascendencia no podían resistir el Sha-Chi que cubría el lago Meigu. Los rostros de sus seres queridos se fueron borrando bajo la sed de sangre y la locura… Estaban a solo unos li de casa, y aun así nunca regresarían.

Un arquero oculto en la isla al este del lago Meigu. Herido como está, sigue siendo un maestro del arco y de la espada: en movimiento sus túnicas ondean; en reposo su porte permanece firme. Su cuerpo ya ha sido invadido por un poder extraño. Varios Ojos Rojos han brotado entre hombre y arco. No hace falta tensar: solo un pensamiento, y varios rayos de muerte rojo sangre perforan el aire. Este maestro de la secta del Arco de plumas recorrió antaño el mundo entero, lleno de ardor, abatiendo Caminantes enmascarados. Al volver al campamento halló a sus compañeros desfigurados y transformados por la Trascendencia perfecta, y pretendían forzarle la misma herejía. Se abrió paso a tajos, buscó a Huangxing para exigirle respuestas, y se propuso detenerlo aunque le costara la vida. Un Wulin tan lleno de malicia nunca fue el futuro que había prometido a su hija. Escapó a la Trascendencia perfecta. No escapó a lo que vigila desde lo hondo de la Discordancia. Los Ojos Rojos, largo tiempo latentes en el arco, acechaban el poder de su sangre. Cuando aún se recuperaba de sus heridas, se clavaron en la carne y el hueso. Se aferra a su último aliento, esperando a alguien en quien confiar, y a alguien que lo acabe.

En una isla al norte del lago Meigu, Soul vuelve a encontrar a You Loong. El instinto lo trajo. El Sha-Chi se eleva de su yelmo de Loong dañado; el arma en su mano es ahora el tesoro de la Banda de las Aguas Negras, el Tridente de Loong. Sus técnicas han perdido la forma antigua: salvajes, feroces, cargadas de sed de matar. Las olas que levanta concentran toda la fuerza de sus ataques. Fue antaño joven y temerario; antaño de alto corazón, reuniendo a justos del Wulin; antaño resuelto a enderezar la causa del Mandato y a plantarse contra Caminantes enmascarados. Ahora el Sha-Chi lo ha tragado, y su mente se hunde… Sostiene un último hilo de claridad solo para volver aquí. Ha olvidado: este cuartel de la Banda de las Aguas Negras hace tiempo perdió su gloria. La tripulación se ha vuelto monstruos de cabeza de pez, branquias y escamas, volviendo dientes sedientos de sangre contra el pueblo pesquero por el que juraron morir. Los aldeanos que antaño traían caldo caliente y vino fuerte huyeron de miedo y decepción, o fueron desgarrados, sin dejar un solo hueso intacto. Aún recuerda el deber de un líder. Aquí ya no queda nadie a quien proteger.

Una mujer que vaga ante un salón de música en ruinas, tañendo la cítara que lleva en brazos día y noche sin descanso. El instrumento parece casi vivo; sus notas resonantes dan voz a su resentimiento y a su indignación contenidos, y los derraman sobre cualquier ser vivo que se desvíe aquí. Yan'er fue antaño una citarista de renombre, que cautivaba a cada público. Creyó haber hallado el amor verdadero de un gran héroe, de quien incluso tuvo un hijo, solo para encontrarse con la hoja de un asesino... En la vida de depravación de aquel jefe de secta del Mandato, nunca hubo lugar para la dicha que una humilde música podía esperar. Tras sobrevivir por poco a la calamidad, Yan'er fue acogida por el Gran Anciano y recibió el nombre de Yan Qiansui. Pero lo que el Gran Anciano quería de verdad era el hijo que llevaba en el vientre. Para él, aquel hijo nonato no era más que un sacrificio para abreviar el tránsito. Cuando Yan Qiansui supo la verdad de la muerte de su hijo, estaba viva de cuerpo y muerta por dentro. Y aun así, parecía que lo único que podía hacer era huir de la verdad. Solo la cítara que siempre había permanecido a su lado podía ofrecerle un poco de consuelo, y dejarle perderse en un sueño fugaz de esplendor pasado y buscar una salvación que nunca existió.

En lo hondo de las Ruinas del Ilusionista Fantasmal, un espadachín de blanco se yergue en viento y nieve, un arma divina en mano. Armadura ligera del norte sobre ropas más blancas que la nieve: y aun así la mitad del rostro ya está arruinada, y el complot siniestro del Gran Anciano lo sume en la sombra. Su hoja parte la piedra y rasga las nubes. Su movimiento es como un espectro, cada golpe imponente; la hoja larga rompe el aire y llega en un instante, con escarcha donde pasa. Años recorrió el Wulin del norte y rara vez halló igual. Naturalmente era orgulloso, viviendo según su propio código de venganza, y con su amada hoja Sombra Blanca abatió incontables enemigos malvados y heterodoxos. Para hallar a su hijo desaparecido bajó solo al sur. Tras tres años llegó a las Tierras Heladas, solo para descubrir que su hijo ya había muerto allí. Duelo y furia: juró aniquilar a sus enemigos, sin saber que en aquella matanza loca ya había caído en el lazo del Gran Anciano, atado por varias artes, y convertido en marioneta para guardar a la marioneta n.º 99. Viento y nieve sin fin allí rompen lo que queda de su cuerpo, y la muerte cruel del hijo le desuella el corazón sin pausa. Por fortuna, alguien en quien confiar ha venido al fin: para abatir a los monstruos en su lugar y vengar la muerte de su hijo.

Un asesino de la Secta de los Hilos Vinculantes que guarda el salón del luto de la Mansión Quimérica. Lleva una capa de paja y varias máscaras rojas apiladas sobre la cabeza. Su cuerpo poderoso tiene la palidez de un cadáver, y en las manos sostiene un arma de dos hojas conocida como la Espada Ósea Roja, una reliquia feroz que atesora como su propia médula. Qiu Feng es bruto y sediento de sangre por naturaleza. Convencido de que las artes escénicas ahuyentan el mal, las imita de forma burda: adopta el paso de los actores de ópera marcial y los gestos de los espectáculos en los que los artistas hacen brotar colmillos de la boca; incluso adorna sus propias máscaras con colmillos y cree firmemente que eso hace sus técnicas más poderosas. Cuando entró por primera vez en la mansión, masacró a todos los intérpretes de Nuo y se quedó con sus máscaras de Juez Rojo como tesoros. Al no poder llevarlas todas en el rostro, las apiló sobre la cabeza. También imitó los trucos de tragar sables y caminar sobre el fuego, y se clavó una hoja larga directo en el cráneo para alardear de una invulnerabilidad que no tenía. Cuando la batalla se vuelve en su contra, saca la hoja del cráneo, deja que las máscaras cubran la hoja y la blande con la furia de una tormenta repentina. Un loco así sigue al Heraldo no por lealtad, sino porque ansía la sangre de rivales poderosos para teñir del todo sus máscaras y su capa de paja. Cuando supo que el invicto «maestro Soul» había entrado en la mansión, esperó con ansia en su camino. Pero esta vez fue su propia sangre la que tiñó de rojo las máscaras y la capa de paja.

Una marioneta del Guandao de clase «Receptáculo» que custodia el campo de instrucción de la Mansión Quimérica. Alta e imponente, con una armadura ornamentada y el cabello blanco ondeando a su espalda, empuña una hoja de mango largo extremadamente pesada y tallada con motivos de Loong. Sus técnicas combinan tajos, barridos, bloqueos, alzamientos, torsiones y estocadas. En cuanto detecta una abertura, engancha la hoja al cuello del adversario y gira a su alrededor. Una luz azul se arremolina a lo largo de la hoja y forma una poderosa ráfaga mientras el asta gira a su espalda antes de caer con violencia. Antes de que el Heraldo la convirtiera en marioneta, poseía un talento marcial excepcional y estaba fascinada por los generales heroicos del teatro. Su maestro le puso el arma en las manos: el lomo de la hoja era el Cielo; el filo, la Tierra; la punta, el soberano; y el asta, el maestro. Desde entonces, el arma se convirtió en toda su vida. Su destreza siguió creciendo hasta que, con el tiempo, nadie pudo ofrecerle un combate digno. Cuando el Heraldo la convirtió en marioneta, apenas sintió dolor y, después, poco parecía haber cambiado. Era como si quienes caían bajo su hoja simplemente hubieran pasado de ser personas a ser marionetas. Todavía no comprende la ira de quienes siguen la senda justa. ¿Por qué la condenan por sus crueles matanzas, cuando pocos condenan a los caminantes enmascarados por hacer lo mismo? Tampoco le interesa comprender su ira. Solo quienes sean capaces de derrotarla merecen que se interese por ellos.

Enviado de la Orden, Lei Dang es un hombre de hombros anchos y temible fuerza, de carácter recto y sereno y lealtad inquebrantable. Una vez perdió el brazo derecho durante una misión y Soul lo salvó. Más tarde se instaló un Cañón Tigre en el brazo amputado. Al cargarse, ruge como un tigre y desata una potencia de fuego devastadora. Ahora, por orden del nuevo Soberano de las Sombras, Zuo Shang, ha llegado a Pangzhen para detener la trama que el Heraldo lleva tanto tiempo preparando, un complot capaz de sacudir todo el Mundo Espectral. Cuando el anterior Soberano de las Sombras, Mu, fue asesinado de pronto y el culpable resultó ser Soul, el viejo compañero con quien había compartido peligros mortales, Lei Dang apenas podía creerlo. Sin embargo, tanto por deber como por razón, debería haber detenido a Soul en cuanto se encontraron. Pero, teniendo en cuenta la situación y el profundo vínculo que los unía, al final se contuvo y, en su lugar, le indicó un camino hacia la Mansión Quimérica. Sin embargo, pese a toda la serenidad de Lei Dang, Zuo Shang ya había previsto cada uno de sus movimientos.

Tras desechar el Cañón Tigre, Lei Dang desata un feroz estilo de combate con un solo brazo. Sus puñetazos tienen fuerza suficiente para sacudir las montañas y lanzan ondas de poder que cortan el aire como cuchillas. También puede golpear el suelo con una fuerza tremenda, desequilibrando a su adversario y dejándolo expuesto. Si salta a gran altura y cae con la fuerza del trueno, la única forma de evitar el ataque es aprovechar el terreno para ponerse a salvo. Lei Dang ya sabe que lo que tomó era la auténtica medicina del Embaucador. Todas las piezas de la trama de Leng Tu estaban conectadas, y quienes habían quedado atrapados en ella lo estaban desde el principio. Pero Soul podría ser la única excepción, la única variable en un desenlace predeterminado y la última esperanza de incontables personas corrientes. Quizá también sea quien consiga el Corazón radiante para el Soberano de las Sombras Zuo. Y si Lei Dang puede enfrentarse por última vez antes de morir a su viejo amigo Soul, el célebre antiguo Emisario de las Sombras «Cicatriz Negra», no tendrá nada que lamentar.

Cadenas de hierro frío atan los pies del Machacador, mientras un enorme martillo está encadenado a su mano. Un brazo y una pierna son gruesos y musculosos; los del otro lado están atrofiados y débiles. Nació con ese cuerpo desigual y, terco por naturaleza, entrenó solo su lado más fuerte, volviéndose más temible con cada año que pasaba. La mayoría de quienes lo ven quedan demasiado intimidados para advertir la criatura sin rostro que lleva sobre los hombros. Esa criatura es la Sierra. Montada en el cuello del Machacador, le corta la carne una y otra vez con una sierra para huesos y utiliza el dolor para sumirlo en un frenesí y lanzarlo sin freno contra sus enemigos. Entretanto, la risa estridente y demente de la Sierra resuena sin cesar y hiela la sangre de quienes la oyen antes incluso de que empiece el combate. El Machacador, sin embargo, se vuelve más feroz con cada carcajada.

Solo cuando derriban a la Sierra se descubre la verdad: el Machacador no tiene cabeza. Los tendones y los vasos sanguíneos de su cuello se enroscan como los anillos de un árbol viejo, mientras la carne se retuerce como si buscara la cabeza que perdió hace tanto tiempo. Sin la Sierra para controlarlo, el Machacador se vuelve aún más salvaje. El Sha-Chi hierve en su cuerpo, la piel se le enrojece como si ardiera y un humo negro brota de su carne. Libre de la Sierra, parece haberse librado de una atadura. Desata años de dolor y rabia sin advertir que se le ha caído la capucha que ocultaba su cuello cercenado. Ha olvidado incluso que no tiene cabeza. Quizá, mientras no se dé cuenta, nunca caiga. Cuando Soul por fin lo derrota, su cuerpo se desploma sobre el hielo y el reflejo le devuelve la imagen de su cuello vacío. Un frío penetrante lo invade de pronto. Llevaba años sin sentir frío, sumido todo ese tiempo en el sopor. ¿Así que se puede seguir vivo incluso sin cabeza? Solo al final se le ocurre esa idea. La muerte llega antes de que pueda hacerse más preguntas.

Tomó el nombre de «Leng Tu», se vistió como «Leng Tu» y acabó convirtiéndose en «Leng Tu» en todos los sentidos, aún más cruel y trastornado que el original. Al principio, solo tenía que imitar las palabras y los modales de Leng Tu. Pero cada mentira exigía otra para encubrirla y, cuando ya no pudo mantener la farsa, no le quedó más remedio que silenciar a todos los que conocían al verdadero Leng Tu. Las mentiras y la sangre se acumularon. La crueldad se volvió costumbre y la máscara, su verdadero rostro. Se valió de esa crueldad para complacer a la Dama del Velo. La Dama a la que venera es despiadada y disfruta contemplando el sufrimiento ajeno. No tiene interés en nada que no le resulte útil. Si no consigue satisfacerla, dejará de tener valor para ella y podrá desecharlo en cualquier momento. Jamás permitirá volverse inútil. La Víbora de los Siete Venenos conoció demasiado bien ese sufrimiento. En aquella prisión de ilusiones sin luz, todo su talento, su bondad y su lealtad quedaron reducidos a nada. Solo podía aferrarse a la vida en medio de un tormento interminable, por completo a merced de los demás. Se ha convertido en «Leng Tu» de pies a cabeza. Propaga las falsas enseñanzas de la Dama del Velo y somete a innumerables practicantes del Wulin y gente corriente a experimentos con marionetas. Se deleita con su lucha desesperada dentro de las marionetas, deseando que sufran lo mismo que padeció la Víbora de los Siete Venenos. Incluso intercambió el veneno del sosiego y el veneno del silencio para envenenar a Lei Dang de la Orden y repetir, bajo el nombre de «Leng Tu», la misma artimaña que antaño destruyó a la Víbora de los Siete Venenos. Por atroces que sean sus pecados, mientras sirvan a la Dama del Velo, él le entrega todo cuanto tiene. Quizá la Víbora de los Siete Venenos estaba destinada a sufrir aquel terrible sino. Si no, ¿quién más podría haberse convertido en este devoto que se arrastra a los pies de la Dama del Velo?

En realidad, se trata del cuerpo de marioneta que Meng Hua, antigua integrante de los Once, utiliza para caminar por el Reino de la Vigilia. Para crear un recipiente capaz de albergar por completo su conciencia y su poder, el Heraldo dedicó más de trescientos días a la tarea y masacró a incontables aldeanos y maestros del Wulin. Su cabello está hecho de hilos rojos y adornado con elaboradas piezas de oro. Cada detalle fue creado para complacer a la Dama del Velo. No se sabe si «Flor velada» es simplemente otro nombre de Meng Hua, un intento deliberado de ocultar su identidad o una forma de evitar pronunciar el verdadero nombre de la Dama. Lo que sí se sabe es que el culto a la «Dama Misericordiosa del Velo de Flores, que socorre a quienes sufren» comenzó hace apenas dos o tres años. El Wulin lleva años sumido en el caos. Los caminantes enmascarados campan a sus anchas, mientras el Mandato, corrupto y debilitado, deja a la gente corriente sin nadie a quien recurrir. Sus propios esfuerzos parecen aún más impotentes. Y cuanto más desesperado está el mundo, más valiosa parece la caridad de Meng Hua. La Dama del Velo que aparece en sueños es bondadosa, compasiva y hermosa. Ofrece consuelo y guía y, sin duda, posee un poder ilimitado para sacarlos de esta era sin esperanza. Quienes han llegado al límite saben aferrarse a la «gracia» y los «milagros». A quienes todavía no se han sometido, basta con avivar las llamas de su desesperación. El propio sufrimiento les enseñará a arrodillarse. Pero la fe nunca fue el objetivo de la Dama del Velo. En su antiguo enfrentamiento con Inanis, su conciencia se disipó en las profundidades de la Discordancia, solo para ser reconstruida por la Plaga, informe y sin contornos, cuyo único instinto es devorarlo todo. En otro tiempo intentó oponerse a ella. Sin embargo, dos seres igualmente voraces no pueden devorarse a sí mismos; ¿cómo iba uno a devorar al otro? En lugar de eso, se fusionaron, perfectamente compatibles y beneficiosos el uno para el otro. Ella anhela regresar al Reino de la Vigilia para manipular las innumerables vidas que lo habitan, mientras que el instinto de la Plaga la impulsa a devorarlo todo y convertirlo en parte de sí misma. En cuanto a lo que ocurrirá cuando regrese, ya sea que consuma lentamente el mundo y juegue con sus habitantes o que desate una gran catástrofe que aniquile cuanto existe… ahora es una con la Plaga. Lo que suceda después depende solo de ella.

En todos estos años, nunca han logrado decidir quién es el vencedor, igual que el conflicto irresuelto entre el clan Lóng y el Bastión de Mó. Hubo incluso un tiempo en que a Zuo Shang dejó de importarle quién prevalecería. Había planeado un final mejor para Soul. Ninguno tendría que caer bajo la espada del otro. Utilizaría a Shifu para acabar con Soul y a Soul para debilitar a Shifu… Después emplearía una «Orden» diferente para poner fin al estancamiento que nadie había logrado resolver desde la Antigüedad. Solo Soul escapó a sus cálculos y se convirtió en la única pieza que no podía superar mediante la estrategia. Quizá estuvieran destinados a luchar con todas sus fuerzas, a que uno cayera bajo la espada del otro y a zanjar de una vez su rivalidad. Solo así harían justicia al destino, al talento y al poder de ambos, al vínculo que los había unido durante años y a la contienda entre el clan Lóng y el Bastión de Mó, prolongada durante generaciones sin llegar nunca a una conclusión. Aunque hace tantos años no pudieron decidir un vencedor en el campo de instrucción… ahora vuelven a encontrarse en ese mismo lugar.

El «verdadero Lóng» que controla Zuo Shang está fundido en oro puro, con una majestuosa cabeza de Loong y escamas doradas muy juntas. Gracias a los misterios del Corazón radiante, parece capaz no solo de resistir la erosión de la Plaga, sino también de proteger del contragolpe la conciencia que alberga. Zuo Shang pretende utilizar este cuerpo para controlar la Plaga que todo lo devora. Todo puede servir como pieza en el tablero: la Plaga desatada, la maestría del Heraldo con las marionetas y el Corazón radiante forjado con fragmentos de la Discordancia… Juntos forman una partida sin fisuras. Se avecina una catástrofe. Alguien debe dominar el desastre y convertirlo en una fuerza que el mundo pueda manejar. Y, puesto que él es el único que se atreve a concebirlo y llevarlo a cabo, y tiene la capacidad de lograrlo, no desperdiciará ese don. Por eso Zuo Shang eligió el Corazón Vacío. No puede permitir que las emociones alteren su plan. En la lucha entre el Lóng y la Plaga, la vacilación, la compasión y los lazos personales solo pondrían en peligro la precisión de cada movimiento. Por eso tampoco comprende la elección de Soul. Soul posee el mismo talento marcial, pero se limita a aceptar las cosas como vienen, sin desear descubrir la fuente de su poder ni dominarlo. Para conservar sus emociones y deseos humanos, prefiere elegir el Corazón mancillado y vivir solo sesenta y seis días… Y si de verdad perdiera al único rival digno de enfrentarse a él, quizá Zuo Shang sintiera cierto vacío… O quizá, desde el momento en que empezó a trazar sus planes, ya había perdido toda posibilidad de encontrar un «alma afín».