Yucong, marioneta retorcida n.º 34
El reino fantasmal se desvanece, y el Sha-Chi se derrama. El Bosquespejo está sellado en hielo y nieve, todo sonido tragado por la escarcha, y el bosque queda quieto y en silencio. El árbol donde antaño moraba Bai Chilian está ahora vacío, sustituido por la Marioneta del caos que apareció aquel día en la Mansión de la Grieta. Este lugar de un frío mordiente es el refugio perfecto para ella, pues una de las consciencias de la marioneta teme el calor y ansía el frío.
Los tres rostros de la marioneta discuten sin fin, pero en cuanto empuñan esa hoja del caos que hiela hasta el hueso, actúan como una sola. Los tres rostros toman por turnos el control del cuerpo; la hoja a veces se cubre de escarcha, a veces se envuelve en llamas del caos, y a veces brilla como el acero. Por un instante, es como si hubieran vuelto a hace veinte años.
Ellas también recorrieron antaño el Wulin codo con codo, espada en mano, llenas de brío. Luego una se volvió tímida, mientras otra cayó en un sueño del que nunca despertó. Al final, las tres fueron fundidas a la fuerza en una sola, soportando una agonía insoportable sin un momento de paz.
Huyeron hasta aquí con la esperanza de escapar del control del Heraldo. Sin embargo, cuanto más combaten, más insoportable se vuelve el dolor ardiente dentro del cuerpo, y más clara la sensación de estar atadas, como si el Heraldo hubiera escondido en ellas un mecanismo que ahora clama por desgarrarlas en tres, y al que aún le falta la llave… Ni siquiera aquí pueden escapar de su dominio.