Uno de los cuatro Acólitos bajo el Gran Anciano: Hansui. Se esconde en un pliegue de la Discordancia mediante el ojo de cristal.
Túnicas azul pálido, un espantamoscas en mano. Empuña el hielo como arma de matanza. Un leve barrido del espantamoscas hace estallar montañas de hielo dentadas; afiladas púas de hielo brotan del suelo. También puede alzar un vendaval glacial y crear un vasto campo de nieve helada.
Por decreto del Gran Anciano, Hansui vigila la Mansión Roja, para que el ojo de cristal no cambie de manos. Para mayor certeza ofreció un hilo de su conciencia, que el Gran Anciano selló en el ojo, y así puede esconderse en la Discordancia a través de ese ojo.
El Heraldo percibió algo, pero no pudo cortar el vínculo, y puso el ojo en el cuerpo del Carroñero. Así, la parte de su conciencia sellada en el ojo acompaña al Carroñero; si el Carroñero muere, Hansui sufrirá con él. Por fortuna el Carroñero es un constructo experimental: incluso atravesado de hojas, no murió. Esa fuerza casi inmortal fascina especialmente a Hansui.
La vida y la muerte, el marchitarse y el florecer son estados fugaces. Aun así, cuando descienda la Dama Misericordiosa, una escarcha eterna sellará el mundo en hielo, y todas las cosas bajo el Cielo conocerán la eternidad… Hansui anhela ese día.