Leng Tu, Heraldo del Velo
Tomó el nombre de «Leng Tu», se vistió como «Leng Tu» y acabó convirtiéndose en «Leng Tu» en todos los sentidos, aún más cruel y trastornado que el original.
Al principio, solo tenía que imitar las palabras y los modales de Leng Tu. Pero cada mentira exigía otra para encubrirla y, cuando ya no pudo mantener la farsa, no le quedó más remedio que silenciar a todos los que conocían al verdadero Leng Tu. Las mentiras y la sangre se acumularon. La crueldad se volvió costumbre y la máscara, su verdadero rostro.
Se valió de esa crueldad para complacer a la Dama del Velo. La Dama a la que venera es despiadada y disfruta contemplando el sufrimiento ajeno. No tiene interés en nada que no le resulte útil. Si no consigue satisfacerla, dejará de tener valor para ella y podrá desecharlo en cualquier momento.
Jamás permitirá volverse inútil. La Víbora de los Siete Venenos conoció demasiado bien ese sufrimiento. En aquella prisión de ilusiones sin luz, todo su talento, su bondad y su lealtad quedaron reducidos a nada. Solo podía aferrarse a la vida en medio de un tormento interminable, por completo a merced de los demás.
Se ha convertido en «Leng Tu» de pies a cabeza. Propaga las falsas enseñanzas de la Dama del Velo y somete a innumerables practicantes del Wulin y gente corriente a experimentos con marionetas. Se deleita con su lucha desesperada dentro de las marionetas, deseando que sufran lo mismo que padeció la Víbora de los Siete Venenos. Incluso intercambió el veneno del sosiego y el veneno del silencio para envenenar a Lei Dang de la Orden y repetir, bajo el nombre de «Leng Tu», la misma artimaña que antaño destruyó a la Víbora de los Siete Venenos.
Por atroces que sean sus pecados, mientras sirvan a la Dama del Velo, él le entrega todo cuanto tiene.
Quizá la Víbora de los Siete Venenos estaba destinada a sufrir aquel terrible sino. Si no, ¿quién más podría haberse convertido en este devoto que se arrastra a los pies de la Dama del Velo?