Maestro Bi Hai del templo Kuye
Más allá del túnel de los contrabandistas, el cuerpo del maestro Bi Hai espera en el arroyo. Sus ropas de monje cuelgan hechas jirones, y sus ojos entreabiertos aún muestran compasión. Mientras resuenan los cantos, una campana de qi dorado desciende para protegerlo de las hojas, el fuego y el agua, y tres Hombres de Bronce aparecen para guardarlo y atacar sin descanso hasta ser destruidos.
El maestro Bi Hai se había retirado del mundo hacía mucho y rara vez veía derramamiento de sangre. Solo deseaba la paz en todo el reino, creyendo que la devoción a la ley de Buda podía librar a la gente de la calamidad. Pero ni el templo antiguo podía cerrar el paso al ruido de la codicia, y comprendió que las falsas enseñanzas ya habían arraigado.
La invitación del maestro Bi Yuan le dio ocasión de poner a prueba esa creencia. Aunque ya pasaba de los setenta, afrontó el peligro de buen grado, esperando guiar por la fe a los perdidos y probar la vía de la liberación. Aun sabiendo que el Heraldo había tomado aldeanos como rehenes y tendido una trampa, entró en ella por voluntad, ofreciéndose a cambio de su libertad.
Su cuerpo está atado, incapaz de vivir o morir, pero su corazón firme impide que las artes ilusorias lo descarríen. Ahora se ha quemado a sí mismo como una lámpara, arrojando un solo rayo de claridad. Espera que el rosario que deja atrás pueda ayudar a quienes siguen atrapados a ver el vacío de los Cinco Agregados y hallar la liberación del sufrimiento.