Su carne y su armadura están desgarradas, pero su cuerpo destrozado no cae. Entre la bruma sangrienta, dos brazos de acero se despliegan de la espalda de Hunt y aferran otro par de hoces encadenadas relucientes. Sus cuatro brazos golpean por turnos o lanzan las cuatro guadañas a la vez, extendiéndose y retrayéndose sin patrón alguno. Su tirón puede sacudir la tierra y levantar ondas de fuerza. Incluso al retroceder, puede responder con un golpe mortal.
Tal es el extraordinario resultado de aplicar la Trascendencia a los Guardianes de las Sombras de la Orden: monstruos que siguen siendo fieles al nuevo Soberano de las Sombras, por grotescas que sean sus alteraciones.
Hunt no advierte la incesante sed de matanza que grita en su mente. Descuartizar a Caminantes enmascarados y combatientes del Mandato no le produce satisfacción… Culpa a su presa. Este señor Soul es más problemático que todos los anteriores y, sin duda, debe de ofrecer un mayor placer en la caza. Pero ¿acaso no es el propio cazador presa de sus deseos?