Bandidos hábiles que cargan podao, escudos y arcos largos. No dominan ninguno de los tres, pero su puro atrevimiento basta para que se animen a probar los tres. Su estilo tosco y poco ortodoxo puede ser sorprendentemente feroz y, si se les presenta la ocasión, tensan el arco y sueltan una flecha.
No dejes que sus burlas te provoquen a lanzarte de frente. Cuando golpean los escudos con el podao, es tanto un desafío como la señal para que sus compañeros te rodeen. Después de todo, ¿qué clase de «maestro» serían sin una muchedumbre de seguidores para armar el espectáculo?