Bandidos montados armados con sables de mango largo, escudos redondos y arcos largos. Atacan con ferocidad desde la silla de montar y disparan flechas en rápida sucesión al galope. Incluso cuando los derriban del caballo, se defienden con las armas que cargan y pelean con el mismo estilo brutal y burdo que los bandidos más hábiles.
Igual que su jefe, envidiaban a los discípulos del Mandato que patrullaban las montañas a caballo, convencidos de que montar elevaba su prestigio. Robaron una y otra vez caballos de caravanas y postas, y con esas monturas hicieron crecer cada vez más su negocio de asaltos y saqueos.