Adiestradores de perros con máscaras sonrientes siniestras. Saben poco de artes marciales, pero no le temen al dolor; las muchas cicatrices que los cubren las dejaron sobre todo las garras de perros enloquecidos. Mientras sean más feroces y les tengan menos miedo que las bestias, pueden mandarlas a su antojo.
Estos adiestradores quisieron juntar sus técnicas de doma con la Trascendencia, para salvar a los perros que por accidente se habían comido los cadáveres podridos de quienes pasaron por la Trascendencia, y frenar su ferocidad sin control. Al contrario, los propios adiestradores acabaron todavía más locos que los perros.