Marionetas Yang de lanza y escudo envueltas en un aura púrpura y fantasmal. Sus escudos muestran un rostro colérico con las fauces abiertas de par en par para intimidar al enemigo. Su defensa es tan sólida como un muro de hierro, y la boca del escudo puede escupir llamas del caos. Sus técnicas de lanza son despiadadas e imprevisibles y, aunque las grietas se extiendan por sus cuerpos, jamás retroceden.
Seleccionadas mediante pruebas implacables y entrenadas como armas, hace tiempo que perdieron las emociones que tenían como seres humanos. Lo que queda de sus conciencias destrozadas se sostiene sobre una única creencia inquebrantable: cuando descienda la Dama, les concederá cuerpos nuevos con los que recorrer el nuevo mundo.