La pólvora de la Secta del Trueno Celestial ya era devastadora, pero algunos discípulos aún la consideraban insuficiente y mezclaron veneno con ella para hacerla todavía más mortífera. Con el tiempo, el veneno les pasó factura. Los más afectados desarrollaron la piel verde y llagas supurantes por todo el cuerpo.
Desesperados por encontrar una cura, combinaron la Trascendencia con el veneno y usaron las «bombas» que llevaban a la espalda para almacenar tanto gas tóxico como Sha-Chi. Al final, solo se convirtieron en otra de las «armas nuevas» de la Secta del Trueno Celestial.