Marionetas cantoras con túnicas blancas como la nieve y cabellos pálidos como la escarcha. Se abalanzan sobre los vivos con afiladas garras y movimientos retorcidos. Sus voces, antaño hermosas, se han convertido en gritos penetrantes que arrastran un frío glacial, capaz de congelar la sangre de cualquiera que los oiga.
La medicina que debía impedir que se convirtieran en marionetas acabó dejándolas como títeres bajo el control de otro. Las artes espectrales, las canciones y los bailes con los que antes se ganaban la vida se han transformado en implacables medios para matar.