Maestro de la Espada de la Ventisca
En lo hondo de las Ruinas del Ilusionista Fantasmal, un espadachín de blanco se yergue en viento y nieve, un arma divina en mano. Armadura ligera del norte sobre ropas más blancas que la nieve: y aun así la mitad del rostro ya está arruinada, y el complot siniestro del Gran Anciano lo hunde en la sombra.
Su hoja parte la piedra y rasga las nubes. Su movimiento es como un espectro, cada golpe imponente; la hoja larga rompe el aire y llega en un instante, con escarcha donde pasa. Años recorrió el Wulin del norte y rara vez halló igual. Naturalmente era orgulloso, viviendo según su propio código de desquite, y con su amada hoja Sombra Blanca abatió incontables enemigos malignos y heterodoxos.
Para hallar a su hijo desaparecido bajó solo al sur. Tras tres años llegó a las Tierras Heladas, solo para descubrir que su hijo ya había muerto ahí.
Duelo y furia: juró aniquilar a sus enemigos, sin saber que en aquella matanza loca ya había caído en el lazo del Gran Anciano, atado por varias artes, y convertido en marioneta para guardar a la marioneta n.º 99.
Viento y nieve sin fin allí rompen lo que queda de su cuerpo, y la muerte cruel del hijo le desuella el corazón sin pausa. Por fortuna, alguien en quien confiar ha venido al fin: para abatir a los monstruos en su lugar y vengar la muerte de su hijo.