Uno de los cuatro Acólitos del Gran Anciano, Guhe se oculta en la Disonancia por medio de un espantapájaros.
Vestido con inquietantes túnicas púrpuras, utiliza un veneno letal como arma. Al agitar su espantamoscas, extiende una bruma tóxica en todas direcciones que penetra hasta los huesos y corroe el corazón. También puede conjurar un doble venenoso que usa las mismas técnicas. De cerca, el veneno brota de sus mangas y corroe a sus enemigos. Los afectados sufren un dolor atroz mientras el veneno les devora los órganos y les consume poco a poco la vitalidad, hasta que mueren en agonía.
Por decreto del Gran Anciano, vive en el corazón de las islas del Lago Meigu y vigila el lago día y noche. Elimina a cualquiera que pueda estorbar el descenso de la Dama del Velo, sin dejar amenaza sin controlar. En cuanto se agita una formación ritual, sea cual sea su causa o su verdad, va en persona a desarmarla y a dejar al descubierto lo que hay debajo.
La carne es una ilusión, y toda vida acaba por podrirse. Pero cuando descienda la misericordiosa Dama del Velo, el veneno se extenderá por el mundo y despojará a todas las cosas de sus falsas apariencias... Guhe anhela ese día.