Yanru, una de las cuatro Acólitas al servicio del Gran Anciano. A través de un espantapájaros, se esconde dentro de la Disonancia.
Túnicas escarlata restallan al viento. En la mano, un espantamoscas. Empuña un fuego feroz como arma de matanza. Un barrido del espantamoscas envía varias bolas de fuego a rasgar el aire; pisa las nubes, llama clones para que llueva fuego; incluso puede tender un círculo de fuego que arrasa el campo de batalla. Si un enemigo se acerca, la llama ruge de las mangas; también puede escapar entre las llamas y dejar tras de sí una imagen residual ardiente.
Por decreto del Gran Anciano caza a los desertores Luciérnaga y Crepúsculo. Su mente enloqueció hace tiempo. Le encanta sembrar miedo en los corazones, saborear el terror de una presa. Cree que el sufrimiento de los vivos es la ofrenda más fina a la Dama.
Toda vida vale menos que una brizna de hierba. Cuando descienda la Dama Misericordiosa, el fuego que abrasa el mundo consumirá el mundo viejo, y el dolor y los lamentos adornarán el nuevo… Yanru espera ese día con todo el corazón.