Altas marionetas con forma de mujer, capaces de «dar a luz» niños de madera que caen en pie y echan a correr al instante.
Nadie supo quién difundió primero la receta: hervir una flor de seda cubierta de plegarias por un hijo en la medicina otorgada por el Heraldo, beberla y dormir con una flor roja sobre el rostro. Entonces llegarían hijos e hijas, sin falta.
Obedecieron con el corazón tembloroso, desconcertadas al despertar convertidas en marionetas de madera. Pero al momento, la confusión dio paso al deleite: podían «dar a luz» cuando quisieran... Ji, ji. ¡La Dama respondía de verdad a las súplicas!