Monjes cuya piel brilla como el latón. Ágiles y firmes de pies, golpean con una fuerza medida mientras su carne y sus huesos se endurecen como el cobre y el hierro en un instante. Rodean al rival y tantean sus defensas, y luego se lanzan por una abertura con un puñetazo demoledor.
Entraron en la Torre de Sha-Chi para buscar a su maestro del Templo Kuye, pero cayeron en una emboscada. La explosión de un horno de Sha-Chi engulló a la mayoría de sus hermanos. A los supervivientes no les fue mucho mejor. El cobre fundido, impregnado de Sha-Chi, forjó cuerpos tan duros como el cobre y el hierro, pero consumió su razón.