Merodeadores que usan piedras rotas como armas. Saben que no pueden imponerse de frente a un enemigo, así que se esconden detrás de otros y aprovechan cualquier ocasión. Su puntería es mala, pero un ataque por la espalda aún puede causar problemas.
Con la astucia y la tenacidad de la mala hierba, sobrevivieron al hambre y a las palizas. Sus juegos infantiles de lanzar piedras en las callejuelas del pueblo quedaron muy atrás. Quizá su última inocencia fue la esperanza de que la Trascendencia les permitiera llegar a ser alguien.