Merodeadores armados con una hoja corta y un escudo redondo. Sus posturas parecen convincentes hasta que se revelan sus fallos: tardan demasiado en iniciarlas y se apresuran al recuperarse. Cuando alzan el escudo, dejan las piernas expuestas. Aun así, su ligereza de pies puede castigar a quien solo confíe en la fuerza.
Ningún maestro les enseñó estas técnicas. Las aprendieron en los combates de los mercados y las paradas de las caravanas. Antaño esperaban ahorrar lo suficiente para buscar un maestro. Luego contaron el grano de la casa y las medicinas de sus mayores, y dejaron el sueño a un lado… La Trascendencia solo requería unos días, sin dinero ni viajes.