Marionetas Yang expertas con lanza y escudo redondo de latón. Sus articulaciones y equilibrio están finamente ajustados para ataques feroces y defensa firme. Incluso cuando el escudo se hace añicos, luchan hasta el final con la lanza en la mano.
El cuerpo de una marioneta nunca se cansa, y la mente en su interior no puede dormir. Solo le queda rumiar, en esa prisión, el odio hacia su cautiverio.
No pueden mostrar ira en el rostro, ni tienen garganta ni lengua para expresar su angustia. Estas conciencias fracturadas han olvidado incluso cómo desahogarse. Toda su furia debe fluir hacia la punta de la lanza.