Marionetas con forma de ancianos y rostros retorcidos por la agonía. Quizá algo falló cuando se trasladó la conciencia de los aldeanos a su interior.
Antes de que el pueblo decayese, sus gentes discutían a menudo sobre quién había ahuyentado a los caminantes enmascarados. Unos atribuían la hazaña a los héroes del Mandato; otros decían que la Dama había protegido el lugar. Los ancianos pacíficos siempre mediaban: la Dama había enviado a los héroes del Mandato para salvarlos a todos.
Con el tiempo, más marionetas vagaban por el pueblo y menos aldeanos permanecían despiertos. Ahora, por amarga que sea la disputa, solo aparecen marionetas grotescas para zanjarla, arrancándose la cabeza y arrojándola contra los contendientes.