Marionetas con aspecto de eruditos, sin libros de los sabios en las manos ni palabras de virtud en los labios. Solo brota de su boca el fuego del caos, dispuesto a consumirlo todo por la Dama.
Tras más de una década de estudio penoso, estos eruditos de origen humilde abandonaron el pueblo y fueron comprendiendo poco a poco la verdad: las familias poderosas controlaban todos los caminos del ascenso. Sus nobles ambiciones no eran más que una broma en las mesas de los ricos.
Desesperados, regresaron al pueblo y veneraron a la Dama día y noche. Incluso en sueños anhelaban que enviara un fuego purificador para arrasar la injusticia del mundo.