Portadores de bombas cubiertos de escarcha, con afilados carámbanos que recubren tanto sus cabezas como las enormes bombas de hielo que llevan sujetas a la espalda.
El Sha-Chi los impulsa a abalanzarse a ciegas contra cualquier ser vivo y a detonar en una explosión de frío letal que acaba tanto con ellos como con su objetivo. Si el fuego los alcanza, el Sha-Chi de su interior se descontrola al instante y los hace explotar.
En otro tiempo intentaron utilizar el frío extremo para sofocar la agonía abrasadora de la Trascendencia. Al final, el frío les caló hasta los huesos y el Sha-Chi les consumió la mente, encerrando tanto su carne como su cordura en estas carcasas heladas.