Merodeadores que apestan a putrefacción, con la carne de un enfermizo tono azul negruzco salvo por una mancha roja oscura sobre el corazón. Asestan tajos descontrolados con dos hachas y, en pleno frenesí, llegan a abrirse las muñecas para rociar su sangre venenosa.
La mayoría son los restos arruinados de Trascendencias fallidas, arrojados al barranco y abandonados a la putrefacción. Entonces los aldeanos consiguieron esos hilos rojos que prometían salvar vidas y los ataron alrededor de sus cuerpos y máscaras. De algún modo, aquellos cadáveres putrefactos comenzaron de verdad a moverse de nuevo.