Ladrones envueltos en una niebla venenosa, con cuchillos arrojadizos recubiertos de la misma toxina. Utilizan el agua para ocultarse y esperan la ocasión de atacar desde su escondite.
Hace años, después de que un robo saliera mal, huyeron presas del pánico y cayeron en aguas estancadas y contaminadas. Una extraña enfermedad se apoderó de ellos y dejó sus cuerpos putrefactos y venenosos. La Trascendencia no pudo detener la podredumbre que se extendía por sus órganos, pero al menos ya no sienten dolor.
Ahora, bajo sus ridículas máscaras sonrientes, apenas quedan unos cuerpos podridos y enloquecidos.