Al principio, podía decirse que las especies con semillas del eclipse se beneficiaban de la astroceniza, ya que eran capaces de convertirse en versiones más fuertes y poderosas de sí mismas. Sin embargo, cuando la concentración de astroceniza del organismo supera cierto umbral, comienzan los efectos adversos.
El único propósito de la astroceniza es expandirse constantemente, y no consigue ningún beneficio si se concentra demasiado en una forma de vida concreta. Por tanto, cuando llega a cierto punto, la astroceniza comenzará a consumir a la forma de vida infectada desde dentro: devorará al anfitrión y esparcirá diminutas partículas de astroceniza en el aire circundante, como una planta esparce sus semillas.
Esto es lo que les ocurrió a muchos de los lobos mutantes que vagan por las tierras salvajes, sarnosos y agotados, a los que les queda muy poco pelaje.